domingo, 30 de marzo de 2014

Empanadillas de primavera a mi manera

Esta es una receta de aprovechamiento. Una de esas ideas tontas que tenemos en la cocina pero que sale tan rica que ya sabemos que queda incorporada para siempre a nuestro recetario personal. 
Tenía un paquete de empanadillas La Cocinera en la nevera desde la última glaciación y me daba pena dejarlas caducar, pero siempre las hago con atún y a mi hija no le gusta. Tenía unos restos de pollo aliñados para pinchitos, pero demasiados escasos para ponerme a ensartarlos en brochetas. Y tenía un bote de esos que llaman ensalada china y que contienen brotes de soja y zanahoria rallada. 
Así que tan pronto uní todos estos cabos sueltos, me puse manos a la obra y en verdad os digo que mereció la pena.
Troceamos el pollo lo más pequeño que podamos, si es necesario, por falta de un buen cuchillo, lo hacemos con las tijeras. Lo vamos dorando en una sartén a fuego medio. Como el pollo ya lleva abundante aceite del aliño, no es preciso añadir más. Vamos moviendo con cuchara de madera para que se haga por igual y añadimos un buen toque de jengibre molido y una cucharadita de semillas de sésamo, que se tostarán con el pollo. Cuando está prácticamente hecho, añadimos los brotes de soja y la zanahoria rallada escurrida. Las cantidades van al gusto, faltaría más, pero yo puse la misma cantidad que de pollo y me quedó que ni medido para el relleno exacto de las 16 empanadillas.
Mezclamos bien, lo dejamos un par de minutitos más y ya podemos
 apartar del fuego y dejar reposar. No porque necesite reposo, sino
 por esa manía que tengo de no quemarme los dedos cuando relleno y cierro las empanadillas. El resto está cantado: freirlas en tandas de tres en aceite muy caliente y dejarlas escurrir bien el aceite sobrante en papel absorbente antes de pasarlas a la fuente donde las vamos a servir. 
Esta hubiera sido una oportunidad excelente para hacer mi primera salsa agridulce con una receta que he encontrado por ahí y que estoy deseando probar, pero me faltaba un ingrediente y no estaba por la labor de ir al supermercado que tengo a veinte metros de la puerta de casa. La vida está llena de imperfecciones por falta de algún ingrediente, por pereza o por ambas cosas. Y yo soy imperfectísima. La próxima vez, sin falta. 
Niñas, ¡a comer!

Estas empanadillas maridan a la perfección con cualquier novela de Jo Nesbø, autor noruego que recién he descubierto esta semana. Te atrapa en la primera línea y te suelta en la última, arrojándote a tus quehaceres y preocupaciones de nuevo como si le dieras igual. Mientras tanto, podemos alimentarnos con lo que se pueda comer con una mano, sin cubiertos ni nada, mientras aprovechamos la otra para pasar las páginas. 

1 comentario:

  1. Me pido las empanadillas y el libro de Jo Nesbø, que tiene muy buena pinta...ya me invitarás a las dos cosa ;)

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