martes, 1 de abril de 2014

Ajoblanco


Este es otro de mis hits parade del buen tiempo. Podemos hacerlo con más agua o con menos según queramos una bebida refrescante o un plato de cuchara. Si elegimos lo último, queda muy rico acompañado con uvas deshuesadas o con trocitos de manzana ácida y servido siempre muy frío. El que hoy os traigo es más aguado: para beber.
En la batidora ponemos, todo junto y sin miramiento alguno: unos 90 gramos de almendras crudas a ser posible del mercado de Feria, la miga de una barra de pan blanco, un diente de ajo pelado al que le hemos quitado el corazón, un buen chorreón de aceite de oliva, sal y vinagre de jerez al gusto de cada cual. Añadimos agua hasta el tope máximo, batimos muy bien (unos tres padres nuestros rezados con calma) y ya está listo para enfriar. Niñas, a comer!
Creo que marida perfectamente con Dickens porque, aunque no recuerdo nada sobre el particular en la biografía de la Tomalin del genio, viendo retratos suyos siempre me ha parecido que, como yo, tuvo que sufrir grandes dolores de muelas. No me preguntéis cómo, pero yo estoy segurísima. Los principios antibióticos del ajo y que así bebido, sea tan cómodo de no masticar como nutritivo, hacen que prácticamente me alimente de ajoblanco cuando mi dentadura me hace sufrir. Y vaya si alivia! Tanto como sus libros me alivian el alma. Os he dicho que me encanta Dickens?

1 comentario: