viernes, 25 de abril de 2014

Papas aliñás a la última moda

Si hay un plato fresco, resultón y cómodo para los días de calor que ya vamos teniendo, son las papas aliñas. Además, como dan un poquito de trabajo hacerlas, podemos preparar un tupper enorme e ir utilizándolas a demanda. Yo las hago con cuatro patatas bien grandes (las que caben en mi olla ikea, que si no, haría más) enteras y sin pelar. Si las patatas son de Chipiona, mejor. Todo el tiempo del mundo para cocerlas a fuego medio-bajo e ir pinchándolas con una brocheta para saber cuándo están en el punto exacto. Ese puntito es la clave, ni más ni menos, para que el resultado sea el que debe ser: ni puré, ni duras en el centro. Cuando estén listas, las echamos al escurridor y dejamos que pierdan calor, porque no se trata de quemarnos mientras las pelamos.
Mientras tanto, podemos ocuparnos de todo lo demás: lavamos dos pimientos verdes grandes y turgentes y los cortamos en las rodajas más finas que podamos, pelamos y troceamos tres huevos duros que habremos cocido previamente y, por último, pelamos y cortamos en tiras finas una cebolla medianita. Ahora sí que podríamos deber pelar las patatas sin que sea necesario soportar en las manos temperaturas incompatibles con la salud. Las pelamos bien, eliminando esos puntitos negros que afean tanto, las laminamos en plan un poco desmorone y las ponemos en la fuente con todo lo demás. Sal al gusto, perejil fresco finamente picado, el mejor aceite y vinagre que tengamos, a mezclar todo muy bien y a enfriar en la nevera. No deben quedar secas porque en nada de tiempo, aún absorberán más vinagreta.
A la hora de servirlas, les va muy bien la melva, el atún o unas gambetas de Huelva. Así es como las hice el otro día. Rellenamos hasta la mitad una de esas arandelas metálicas que se han puesto ahora de moda para emplatar, pelamos cinco o seis gambas y ahí que las acostamos, previendo que queden en los bordes porque así el plato quedará más apetecible a la vista. Terminamos de rellenar la arandela y acabamos con otras tantas gambitas para el final.
Lo dicho, un plato de ayer, de hoy y de mañana, pero a la última moda gracias a un artilugio tan tontorrón como eficaz.
Marido mis papas con la novela de Coe que veis en la foto porque, aunque trate temas tan difíciles como las siempre problemáticas relaciones familiares y personales, es un libro que rebosa frescura y humor. Si Dickens y Hardy se hubieran encontrado en la primera década del siglo XXI y hubieran compartido un buen gin-tonic, me da a mi que podrían haber acabado firmando un libro como este a dos manos. Recomendadísimo queda.
Y de verdad, de verdad, que las papas estaban para repetir!

2 comentarios:

  1. Si, señora, muy ricas y muy fresquitas para este tiempo que entra ;)

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  2. Un mm q apetecible... Por cierto bonito mantel!!

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