miércoles, 18 de junio de 2014

Arroz maravilloso de fin de semana


Quiero empezar aclarando que no tengo mala mano para los arroces pero vaya a saber usted por qué, esas cosas son un verdadero misterio, este que hoy os traigo me quedó difícil de superar. El típico arroz que en un restaurante te sale más caro que operarte la miopía y te parece bien pagado. Sin exagerar. Y aunque la foto sigue siendo tan mala como todas las mías, podría haber sido peor, hasta en eso tuve suerte. 
Intentaré recordar cómo lo hice para darnos la receta, porque como casi todo en la vida que se precie, fue fruto del azar, del humor del momento y de los movimientos invisibles del aire...

Necesitaremos:
6 gambones hermosísimos. Si los compramos en el mercado de Feria, mejor. (Os prometo que no me llevo comisión, ni trato de favor, ni nada de nada. Ni siquiera saben la publicidad que les hago, pero me encanta este mercado de Sevilla y una es como es).
Un cuartito de gambas de Huelva.
Un cuartito de almejas de carril (las compro poco o casi nunca, pero estaban regaladas).
Un tomate.
Arroz redondo.
Aceite.
Sal.
Perejil.
Iba a ponerle una ñora, pero se me olvidó, así que de ñora, nada de nada.

Manos a la obra:
Lo primero es pelar los gambones y reservarlos. Con sus cáscaras, colas y cabezas haremos el caldo. Las ponemos en una cacerola con un chorreón de aceite y vamos aplastando las cabezas con una cuchara de madera. Cuando llevamos unos minutitos y la cocina huele a gloria ya, añadimos el agua y un tomate cortado en cuatro gajos. Ponemos el fuego suave y podemos leer un buen rato, poner música o lo que nos de la gana. Cuando el caldo esté listo (en mi opinión una horita está bien, pero teorías hay muchas) colamos y reservamos. Pelamos las gambitas onubenses y reservamos sus cáscaras para otro caldo de otra receta de otro día que será otra historia... Aquí no se tira nada, que es de botarates eso de tirar cositas buenas. Con las almejas tenemos el cuido de tenerlas en agua con sal e irlas cambiando de la susodicha agua salada para que suelten la arena. A mí me aseguró mi pescadero que no tenían nada de arena y que no hacía falta, pero un rito es un rito, la disciplina es lo que es, yo me identifico mucho con Santo Tomás y que si no, me parece que me estoy escaqueando.
Es el momento de poner aceite en el fondo de la olla que vayamos a utilizar y calentarlo. Añadimos el arroz (yo puse un puñado por comensal, dos para la olla y ni faltó ni sobró un grano), salamos y removemos. Un padrenuestro rezado a buen ritmo y añadimos el caldo que tenemos reservado. Como las gambas tienen poca cocción, las añadí cuando al arroz le quedaban unos ocho minutos. Como las almejas tienen aún menos, las añadí cuando le quedaban cinco minutitos de nada. Los gambones los hice a la plancha, vuelta y vuelta, casi nada y los serví por encima de todo. Perejil recién picadito como bendición final y no se precisa más para tocar el cielo. El arroz, suerte que tuve, me quedó meloso que ni buscado...
Esta maravilla de sabor la marido con Las cosas de Perec, porque aunque es una obra (¿novela?), en mi opinión, sobrevalorada, que leí con verdaderas ganas de acabar y que no recomiendo ni a mis enemigos porque, para empezar, quiero creer que no tengo ninguno, el título me viene muy bien: estas son las únicas y pocas cosas importantes. Compartir un arroz maravilloso con nuestros seres queridos* el fin de semana...¡poco más nos vamos a llevar de este suceso singular que llamamos vida!

* ya sé que seres queridos es una expresión bastante viejuna, pero no encuentro otra más fiel al pensamiento de seres queridos. 

1 comentario:

  1. Aquí uno de esos seres queridos que tuvo el placer de disfrutar este arroz con verdadero sabor a mar, mmmm

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