lunes, 15 de septiembre de 2014

Las huevas de maruca, los paraísos cercanos y la amistad.

Aviso para navegantes desde ya: esta será una de esas entradas en las que se me irá la cabeza un poquito más de lo normal, que ya es decir... Una, que ya se conoce, lo advierte. Así que quienes prefieran ausentarse, no pasa nada ( pero vamos, que también puede esperar un poquito lo que tengáis que hacer, digo yo). A quienes os quedéis, mil gracias.
Yo soy una persona de paraísos cercanos, más que nada, porque los lejanos, vaya usted a saber porqué (y eso que ya tengo unos añitos), hasta ahora ni se han dejado caer, ni yo he sabido alcanzarlos. A lo mejor es porque apenas si he tenido tiempo para algo más que el noble y heroico arte de ganarme el pan (esto es un blog de cocina. Voy bien, ¿no?) y los libros, de sortear los obstáculos inherentes al hecho de vivir y de tomarme una Cruzcampo bien fresquita en los ratos que lo suyo era eso. Pero vamos, que de paraísos lejanos, como mucho los libros de viajeros y viajes que han caído en mis manos y la gente que te cuenta sus maravillosas experiencias sin tener en cuenta si te mueres de pena, de envidia, o de qué. Sé más de motores diésel (y no podría ni rellenar un post-it con mis conocimientos) que de esos paraísos. Para compensar, de los paraísos cercanos no es que sea una experta que podría dedicarse a dar clases magistrales y todo, es que si no existieran los habría inventado yo. La foto que veis representa para mi casi, casi (aunque hay muchos más) la esencia de uno de esos paraísos: huevas de maruca, almendras tostadas, un buen libro, un buen vino y por poco no sale también el más maravilloso de todos los gatos, mi Billy. Por iniciativa propia se subió a la mesa y por iniciativa propia se quitó de enmedio justo en el momento del disparo. Los gatos son así: tienen la agilidad de cambiar de opinión cuatro veces en cuarenta segundos. A quienes los amamos, nos parece un plus.



Si mañana Dios no tuviera nada mejor que hacer (cosa improbable pero no imposible), me llamara por teléfono (que me pille con cobertura, ya sería más raro) y, después de algún pequeño preámbulo o saludo, que seguro que es muy educado, me soltara:
- Mira, Belén, te llamo porque tengo un dilema muy gordo y necesito que me ayudes.
(Aquí un inciso, que casi puedo leeros el pensamiento y casi que quito el casi. Dios ha podido llamarme porque le han hablado bien de mí, porque lo ha sorteado y ha salido mi número, porque lleva eones observándome y le inspira confianza mi criterio o por mil razones más. Sigo.)
- Pues que, como te estaba diciendo, como soy Dios y hace una eternidad que no hago nada nuevo desde aquella primera semanita y cada día tengo un perfil más bajo, se me ha ocurrido que a partir de ya os vais a alimentar con píldoras. Voy a eliminar de un plumazo todos, toditos, todos los alimentos que tanto os gustan y voy a dejar sólo uno, que elegirás tú. El resto, píldoras, que son muy sanas y muy sostenibles.
Pues, si eso llegara a ocurrir, más os vale que os gusten las huevas de maruca tanto como a mí. Se me caerían dos lágrimas muy sentidas de pensar que nunca más volvería a disfrutar de todas las cosas del mar que llevan concha, que nunca volvería a asaltar un plato de jamón como quien invade un país del que codicia su petróleo, pero yo salvo las huevas de maruca.
Aunque hace mucho que no tengo vergüenza por considerarla innecesaria, aún me queda la justa para no atreverme a colgar esta entrada como receta (comprar las huevas de maruca, cortarla en lonchitas con cariño, acompañar de almendras, degustar, ser feliz), de modo que la pondré en la pestaña de: sitios que nos gustan. Así, de paso, os recomiendo un lugar que lo merece. La Almadraba está en Sevilla, en la calle lateral del Mercado de Feria, no recuerdo el nombre, pero es muy fácil de encontrar una vez lleguéis al mercado. Son de Barbate y todo lo que sirven, riquísimas viandas para comprar o tomar allí, es de Barbate. Por supuesto, tienen huevas de maruca además de otras salazones. Excelentes vinos y cerveza fresquita. Aunque el local es pequeño, como puesto que es del mercado, ponen mesas altas fuera y sus correspondientes y amables taburetes. Os lo recomiendo, porque se tapea de vicio y porque se lo merecen. Lamento muchísimo poner una fotografía cuando el local está cerrado, pero la hice un domingo por la mañana y no habían abierto aún.



Y para acabar: si os fijáis en la primera foto de nuevo, veréis un ejemplar de la escurridiza y maravillosa autobiografía de Agatha Christie, que me va a servir para hablar de la amistad. Si yo tuviera el talento de Montaigne, os regalaría un ensayito como es debido, pero como no es así, lo puedo resumir en una frase: la amistad es muy importante en la vida, pero tiene sus límites. Me explico. Yo había leído en la tablet esta autobiografía inencontrable en librerías hace ya décadas. Por supuesto, anhelaba encontrarla en papel, que un libro digital será algo muy práctico y muy limpio, pero jamás en la vida será emocionante. Sin prisas, algún día. Recientemente, acabé hablando con una amiga de este libro. Resulta que su marido es incondicional de la gran dama y a ella le gustaría, me dice, encontrar el libro para regalárselo porque lo quiere mucho (al marido). Yo le dije (y lo dije creyendo que era verdad): no te preocupes, Luisa, que estaré pendiente y te aviso si lo encuentro. Y no sólo eso, como estás siempre más liada que yo, luego me meto en internet, en iberlibro, y te digo en cuántas librerías de viejo de España está, si es que está, para que hagas el pedido a tiro hecho y lo recibas en casa. Buena amiga, ¿verdad? Bueno, pues lo miré. Resulta que estaba en cuatro librerías de nuestro maravilloso país, pero es que, para colmo, una de ellas en Sevilla. Para colmo, en el Pasaje de los Azahares, a escasos metros de mi choza. Me puse tan nerviosa que no me atreví ni a llamar por teléfono por si acaso lo habían vendido y no estaba actualizada la página. Creo que me puse los zapatos del revés (más que nada lo supongo porque fui tropezando todo el camino), cogí la cartera, las llaves y, más que correr, volaba. Aún me señalan por la calle las vecinas. La verdad es que mi velocidad llamaba la atención. Eso y los codazos que pegaba para ganar la acera. Bueno, que llegué, lo encontré, lo compré y a Luisa no le he dicho ni mú, ni pienso hacerlo. Como castigo, lo pagué más caro que el precio fijado en iberlibro. Dieciocho euros me cascaron y ya he limpiado la sobrecubierta tres veces con alcohol y el algodón sigue saliendo marrón muy oscuro. Pero ni me quejé ni nada, que yo también soy una gran dama, aunque no del crimen (aún, dadme tiempo).

Si habéis llegado hasta aquí sabréis que dedico esta entrada a Montse por regalarme las huevas de maruca que veis en la foto, a Ricardo, por su cibernética amistad y a Luisa, para que me perdone.

13 comentarios:

  1. Una delicia, gracias a ti por compartirla conmigo que con lo que sé que te gusta bien te la podrías haber comido sola ;))

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    1. Como enseñan a los niños en la guardería cantando: ¡las cosas compartidas, son más divertidas! Y cuando no sepas qué regalarme recuerda las dos cosas: las huevas de maruca y que las comparto. Je, je. Besitos.

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  2. ¡Joder!, estas son las entradas que me gustan, emotiva, lúdica, lúcida, sensible y creativa, muy creativa. Sencillamente magnifica.
    Ah, y gracias

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    1. Por Dios! Sé que debería morirme de vergüenza, pero como ya he explicado que no tengo, sólo puedo agradecerte muchísimo tus altísimas adjetivaciones. No te puedes imaginar cuánto te lo agradezco, porque en estos desbarres, voy un poco a ciegas. Mis hermanas me dicen: qué rica tal receta y cosas así, pero sobre mis extralimitaciones culinarias, venga silencio y me miran como valorando (estoy segura) cuánto costaría recogerme una temporada en la López Ibor. Y yo lo veo al contrario; que de no ser por estas extralimitaciones, yo tendría la pensión completa en dicha clínica. Gracias a ti de nuevo.

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  3. Madre mía, madre mía la que has liado, muy bueno!!! Ahora donde compro yo huevas de maruca de Barbate aquí en la Mancha. Que rica, se me hace la boca agua. Un beso grande.

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    1. Aunque me de coraje decirlo: en Eroski. Igual son de Cartagena o de Almería, no te importe. Ya verás qué lujo!

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    2. Si, también lo he pensado, este finde me llego a ver si hay, ya te cuento.

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  4. Belén, nunca he probado las huevas de maruca, pero creo que algún día de estos lo haré (me has hecho la boca agua), y si es en tu grata compañía, mejor! Enhorabuena hermanas Rubiano por este blog que no tiene desperdicio. ¡Ánimo y adelante!

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    1. Muchísimas gracias en nombre de todas y en el mío, más! Te has ganado que me lleve pa Yunquera (otro de mis paraísos cercanos, los ratitos contigo en esa Sierra de las Nieves) unas huevas de maruca. Tú pones las almendras, que las tenéis de infarto. Las risas y las reflexiones más o menos profunda entre las dos. Y el tinto de Ronda (merece un post que prometo hacer) Mari Carmen. Un beso enorme.

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  5. Pero bueno...! Las huevas de Cartagena, que he estado disfrutando desde hace años, te aseguro que son deliciosas si sabes buscar las de calidad. Eso si, ten cuidado y sácalas del frigo una hora antes.
    Vale, vale !! La próxima vez que vaya a Cartagena te traigo
    Por lo demás, el post muy bien... bueno,... impecable!!
    Bss desde el Prado de San Sebastián.

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    1. Qué bueno, Paz! Que no quería desmerecer las huevas de maruca de Almería o de Cartagena a favor de Cádiz, eh? La calidad es la misma. Todas me vuelven loca. Y acepto tu propuesta, je, je. Besos.

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    2. Pillina tienes el libro!!!!!!!! , bueno me dejaras "tocarlo" que prestarlo va a ser que no.
      Yo no presto a mi marido...ni siquiera que lo toquen
      ja ja ja ja
      Besote
      firmado:Luisa

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    3. Sí, Luisa, prestarlo te lo presto, siempre que me firmes un recibí con compromiso de devolución no superior a tres meses. Ja, ja, ja. Además, te debo el descubrimiento (y éxtasis) de las huevas de maruca, que no olvido que la primera vez que las probé fue en tu casa. Un beso.

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