martes, 21 de octubre de 2014

De La Cantina al cielo

Si no conocéis el sitio que hoy os voy a recomendar, no le digáis a nadie que lo habéis descubierto mi menda mediante, porque mereceré que me cuelguen del palo mayor o algo similar. Es un sitio maravilloso, pero, lo que es caber, allí no cabe más gente. Que no necesitan mi publicidad, vaya. Que moriremos todos si venís. ¡Pero qué buena muerte, oigan!



La Cantina está en el Mercado de Feria, en Sevilla, y es un bar de desayunos y tapas a mediodía. Cierran los domingos y no abren por las noches, aunque no veáis lo que se dilata el almuerzo, que cada vez que muy pasadas las cinco de la tarde acorto camino por allí, siempre veo mesas ocupadas y mis niñas no se van a casa hasta muy tarde, porque cada día recogen y limpian todo como si mañana fuese a desayunar allí la ministra de Sanidad y Decoro. (Debería. Lo del decoro, digo. Ningún político merece desayunar allí y todos tendrían que recibir clases de pundonor).



La Cantina me gusta para desayunar. Los sábados también, pero aún más los días de diario, que va menos gente. Mi café, mi cigarrillo, mi libro. Tostada no pido porque no soy de comer nada hasta el mediodía, pero las ponen estupendas, que las veo yo. Mi café, mi cigarrillo, mi libro, mi (por los certeros golpes de la vida) doblada espalda (la vuestra también, que lo sé yo, que sólo los malos van derechos por la vida a partir de una edad) apoyada en las revolucionarias piedras del varias veces centenario muro de Ominum Sanctorum.
Mi café, mi cigarrillo, mi libro que apenas me interesa, atrapada como ando en la propia dinámica del mercado: vitalidad y fatum a partes iguales. Frescor y morbidez. Señoras con carrito, borrachos, pedigüeños de pan, de vicio o de tabaco (el tabaco no es un vicio: es un sentimiento), guiris con la cámara a punto de suicidarse (la cámara, a los guiris se les ve muy felices), repartidores, cobradores, mercancia turgente, el suelo recién regado y olores raros, parejas que desayunan en el antes del amor, parejas que desayunan en el durante, parejas que ni se miran en el después (del mismo amor): el mundo entero a ojo limpio. El pan nuestro de cada día. El Aleph. Si llueve, ya es gloria bendita, porque estoy sola. Paso algunas servilletas por la silla menos mojada de todas y para qué quiero más. Si me da por sentarme hacia Feria: el campanario de la iglesia. Si me da por darle la espalda a la calle: la fachada del Palacio de los Marqueses de la Algaba. Supongo que en Florencia habrá también sitios para desayunar y caerse de culo a la vez, pero me da igual. Sé que algún día una lápida defenderá mis restos de los saqueadores y llevará grabado: Aquí yacen los huesos de una mujer que hizo suyo lo que le tocó en la rifa. Y que soy muy vaga y, por ello, muy de kilómetro cero. También.




Si estáis pensando que os estoy hablando de un sitio donde se desayuna tan bien como en cualquier lugar y donde lo último que espero es que me molesten por las mañanas, tenéis razón. Pero es que no os he contado aún lo mejor. En La Cantina se come de escándalo. Se nutren del puesto del mercado de la familia de las niñas y no se le puede poner un pero, como no sea que no os sentís cómodos entre multitudes. Todo está muy, muy, muy rico y es muy, muy, muy barato, para la calidad que dan, no para el salario medio. Quienes prefieran almorzar sentados y con una mesa y todo donde apoyar los platos (a mí me pasa: llamadme excéntrica), con que lleguéis a la una menos cinco tenéis todas las garantías. La mayoría salen a 2,50€ y las cervezas o el vino a 1,00€, creo. Todo, excepto las papas aliñás, del mar: boquerones, puntillitas, gambas, mejillones, berberechos, ostras, vieiras, chipirones y muchas más cosas que no recuerdo ahora. Tienen una tapa de atún escabechado con pimientos asados que es famosa: por su calidad y por su abundancia. Creedme si os digo que una vez paró allí un regimiento (creo que eran cuarenta y seis o así, pero había trillizos y me despité al contar) y, tras amarrar los caballos a donde buenamente pudieron, se pidieron tres tapas de atún para todos y aún tuve que ver como pedían un tupper para llevarse las sobras que no lograron acabar por más empeño que pusieron y por más hambrientos que llegaron.
Apuntarán en La Cantina lo que vayáis pidiendo en un azulejo y luego echarán la cuenta (nunca la engordan, aunque os vean piripis, que no os cascan ni una birra de más). Si no le dais un nombre para el azulejo, pondrán lo primero que se les ocurra y os caracterice físicamente: el de las rastas, los de la Junta, la del moño... Yo que vosotros daba un nombre. Yo suelo dar Leovigilda, pero porque soy rara. Ellos gritan Leo cuando sale mi tapa y todos en paz. Si, por un casual, sois de los que os dan ganas de sacar la Smith & Wesson cuando os invaden muy de cerca lo que entendáis por espacio vital, ni os acerquéis. Una vez acabé tapeando sentada en los hombros de un señor mayor muy amable que llevaba un abrigo con una hombreras estupendas. Aunque apenas si lo pude disfrutar porque enseguida una señora muy desahogada me sentó en las faldas a dos de sus hijos que, para colmo, no distinguían sus tapitas de las mías. Avisados estáis.



8 comentarios:

  1. Por Dios Belén que derroche de literatura.

    Dos veces lo he leído y seguiditas, solo por el placer de volver a oler palabras hermosas (fatum, morbidez, turgente…), de sentir frases redondas que evocan a un Serrat melancólico o a un canalla Sabina (las tres composiciones de amor y pareja buenísimas), esas exageraciones finales que parecen del mejor García Márquez recién llegado a Macondo, esas típicas referencias Borgianas sobre la propia identidad (aquí yacen los huesos de una mujer que hizo suyo lo que le tocó en la rifa)….El Aleph

    Y encima resulta que estás hablando de un bar…………..

    Apabullas.

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    1. ¡Anda, anda, anda! Para exageración la tuya, pero muchísimas gracias. Un abrazo.

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  2. Jajaa Ricardo ,te vas conociendo tus gusto musicales ,un besote mi niña ,y un saludo a Ricardo ,chao seguir difrutando ,

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    1. Estuvisteis un día aquí y os encantó, ¿te acuerdas? Un beso muy grande y a ver si lo repetimos!

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  3. Es que eres una artista Belén... si si como lo fue Rocío Jurado, la Lola Flores y Juanito Valderrama. Ve pidiendo una de cada, pero para las 12.30 que es mejor hora para mi, cuando empieza a entrar el hambre de tapita y para no molestar a los habituales de la Cantina. jiji un muac.

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    1. Tú sí que tienes arte, mía. Voy pidiendo la comanda, ¿eh? Muchos besitos.

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  4. Me encanta la cantina, y soy un poco culpable de que cada vez esté más lleno, no dejo de llevar ahí a mis amigos, jjj que mejor sitio? Un besito, mía!!

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    1. Ya decía yo que allí cada vez se cabe peor... Muchos besos.

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