miércoles, 12 de noviembre de 2014

Estofado de ternera muy exótico

Tengo un disgusto que no quepo en mí de pena. A lo peor os ha pasado lo mismo, así que os lo cuento para que nos quede el consuelo de estar menos solos, ¿no?
Yo no soy ludópata ni nada remotamente cercano, por lo que tengo poquísimas probabilidades de que la suerte me encuentre pero, el otro día, pagando en caja la compra en mi supermercado de cabecera, vi unos cupones del mega sorteo maravilloso del once del once de la once. A mi plin, claro. Lástima que, como Rocío se demoraba en cobrarme, me dio tiempo a fijarme bien en el número: 13697. Siendo el 44 el número de serie. 13 es un número que a mi madre le encanta porque muchas y buenas cosas le sucedieron en ese día y como ella nos cobija... 6 somos 6 el número de hermanos Marx... El 97 fue para mí un año de buen recuerdo porque estuvo lleno de ilusión por un proyecto empresarial que emprendí y que no pudo ser, pero esa es otra historia... Y 44 son las primaveras que ya cumplí... Estaba clarísimo, ¿no? Ese número me hablaba directamente a mí. Un manantial sin fondo de promesas parecía, el muy jodido. Y seis euros que costaba. Si llego a sospechar que estaba pagando seis euros por un trocito de papel que, como mucho, serviría de marcapáginas, me hago yo misma una lobotomía antes que comprarlo, pero es que noté cómo el cielo tenía de pronto un no sé qué, como un fulgor. Que las nubes se movían raras, como danzando para mí, y que un ojo me guiñaba dentro de un triángulo. Boba. Me lo creí todo. Compré el papelito como quien compra un pagaré. Pensé: bueno, pues adelanto seis euritos, pero el martes, cuando me toquen los cien mil lerus (con los premios más gordos ni se me ocurrió fantasear) pues ya los descuento. Anoche no sé si fui la única persona de este país que estaba, comiéndose las uñas, pendiente de la web de la once antes de que finalizara el sorteo, con su gato al lado muy pendiente también, porque le dije que le iba a comprar pienso deluxe siempre, que encargaría una gatificacion para todas las paredes y le contrataría un Asisa veterinario. El mejor que hubiera. Aunque la web oficial decía, aún mucho tiempo después de que finalizara (minutos, vale, pero muchos) que el sorteo aún se estaba celebrando, Billy y yo vimos que La Vanguardia digital ya había publicado los números premiados: ¡ja! 03940: el numerito. 106: la serie. Otros premios: ninguno. Así se le quedó la cara a Billy. La mía os la ahorro por compasión. Si llego a vivir en el siglo XIX, del desmayo y las sales no me libra ni dios. ¡Qué pena, de verdad! Llenita de planes estaba.





Según las leyes de la estadística es muy improbable que nos toque la lotería aunque no tanto que nos alcance un rayo. Para compensar, es muy probable que si hacemos un buen guisote, esté bien rico. Vosotros mismos.




Jarrete de ternera: entre un cuarto y medio kilo.
Dos o tres patatas grandes.
Una cebolla.
Una zanahoria grande.
Un tomate.
Dos dientes de ajo.
Aceite
Sal
Pimienta
Jengibre fresco
Cúrcuma
Vinagre de arroz
Granos de mostaza de los de verdad. No me refiero a La Biblia, sin embargo.

Me apetecía hacer un estofado de ternera, de modo que me puse manos a la obra. En una sartén con un fondo de aceite, fui pochando la cebolla picada, los dientes de ajo y el tomate pelado y cortado en dados. Como en la nevera tenía un trozo de jengibre fresco, me dije, por qué no, así que lo pelé, lo corté en rodajas y a la sartén que fue también, a pocharse. Cuando el sofrito estuvo como debía estar, lo pasé a la batidora con el agua justa para que las cuchillas no hicieran ¡gñññññ! y se atascaran. Mientras, fui repasando con el cuchillo la ternera para eliminar la grasa o nervios que tuviera, que algo tenía. La corté como me pareció y la salpimenté. En una olla puse de nuevo aceite y, con éste caliente, fui dorando los dados de carne. Cuando la tuve selladita, añadí las patatas en lascas, la zanahoria en rodajas, el sofrito batido y ya me volví loca, lo confieso. Iba a ponerle vino de cocinar, pero tras lo del jengibre me dije: ¿y porqué no pruebo con el vinagre de arroz, que lo tengo muerto de risa? ¿Un poquito? No, como si no hubiera mañana. Y entonces me acordé de todas las propiedades que tiene la cúrcuma, que si es verdad, lo raro es que existan las enfermedades y los enfermos, pero bueno...¿Un poquito? No, con alegría. Y casi a cubrir de agua y a esperar. Esperar haciendo otras cosas, claro, que me gusta que un guiso se haga despacito. Así que me puse a leer y me acordé de unos granos de mostaza que me había regalado Montse y que no sabía cómo emplear, y me dije: si lo más seguro es que lo tengas todo perdido con este estofado, si lo vas a tener que tirar, Belén, pues dónde vas a ensayar mejor estos granos de mostaza.
Si me sale mal me callo como una meretriz y si está rico me pongo la medalla y lo cuelgo en el blog. Pues aquí lo tenéis: un estofado de ternera distinto y para repetir. No olvidéis que esta mejor de un día para otro. Hoy sigo tan proletaria como ayer, pero he almorzado estupendamente. Ya me diréis, si os atrevéis.

6 comentarios:

  1. Yo esta vez no he picado pero confieso que piqué con el cuponcito especial del verano, y nada, ni el reintegro, pero está claro que para que nos toque alguna vez hay que jugar... El guisito, muy buena pinta, pero el sabor con jengible y vinagre de arroz no llego a imaginármelo; la próxima vez me quedo a comer y lo pruebo ;) Besito!

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  2. El vinagre de arroz es muy suave, mía. Lo demás ya es otro cantar. Yo creo que Rosalía siempre le pone vinagre de Jerez a los estofados, porque lo aprendió de mami, y le va muy bien. Pero no me hagas mucho caso, que igual es un recuerdo inventado de los míos. Estaba riquísimo, de eso doy fe. Ya te lo haré. Del disgusto cuponero también puedo dar fe. De verdad, es que me imaginaba llamándoos, repartiéndolo y todo eso. Besitos.

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  3. Bueno, bueno, participar es lo importante. Y tu guiso no se yo, no se yo... Pero lo probaría eh!! Un beso.

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    1. Pues estaba riquísimo, mía. Qué poquita confianza me tienes pa algunas cosas. Ja, ja, ja. ¿Me ves capaz de recomendarlo si no? ¡Belén, La Envenenadora de Internet! Qué bueno. Besitos.

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  4. Sin lugar a la menor de las dudas lo que más me gustan de tus entradas culinarias son los antecedentes de las mismas, esasw historias inventadas y recreadas que le dan vida y te estimulan a seguir leyendo. La de hoy es muy buena. Hace un par de meses yo soñe con un número, el 72142511, y me tocaba la primitiva, un mogollón de millones. Me desperté sudando y, raudo, apunté el numerito. Luego ,somnoliento, recreándome en el sueño, cai en la cuenta que la primitiva no es número de 10 cifras como el mio, sino seis números del 1 al 50 y entonces me pudo la vena matemática y me puse a cavilar como transformar dicho número en combinaciones aplicables a boletos de primitivas respetando el orden. Bueno, resumiendo, el caso es que después de muchos esfuerzos y algunos algoritmos logré sacar de dicho número tres posibles y únicas combinaciones para la primitiva; espectante rellene el boleto y .........ahora, al leer tu entrada, me he acordado de que lo tengo en la cartera durmiendo el sueño de los justos. La semana que viene lo hecho sin falta.
    Tu entrada, como dice Zachry, uno de los personajes de El atlas de las nubes, en ese lenguaje post-nuclear que utilizan es FANTABULOSA
    Un beso

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  5. Muchísimas gracias por tu exagerado elogio y muchísima suerte con la suerte. ¡Mira que si te toca! Eso sí que sería fantabuloso.

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