sábado, 27 de septiembre de 2014

PIMIENTOS RELLENOS DE TORTILLA DE PATATAS

Ésta es otra de esas recetas que me traen recuerdos de mi casa, otra más que le debo a mi madre; por ello, gracias mamá. A todos nos encanta la tortilla de patata y muchas veces acompañamos nuestros platos de unos pimientos fritos con su toque de sal, la mezcla es simplemente perfecta. Si os digo la verdad yo no empecé a comer pimientos fritos hasta el embarazo en que tuve antojos, y desde entonces ya no he parado, qué cosas, ¿verdad?
 

Si os gusta el resultado seguid leyendo que es muy fácil.

Es muy importante a la hora de elegir los pimientos que éstos tengan un cuerpo anchito que podamos rellenar. Son pimientos normales de freír. Yo he escogido cuatro pimientos bien grandes. Les he quitado el rabo y la cabeza de las semillas y los he apartado. Bien limpios, por dentro y por fuera. Para que salgan las pepitas que se quedan agarradas dentro, da unos golpecitos con el pimiento sobre tu palma de la mano, salen todas.





Las patatas las vamos a cortar en daditos muy pequeñitos para que no se formen atascos a la hora de rellenar los pimientos y que entren fácilmente hasta el fondo. Salamos y freímos.
Batimos tres huevos en un bol y mezclamos con las patatas fritas. Ya tenemos la mezcla para el relleno.


Ten cuidado de no rellenar justo hasta la boca del pimiento, deja un dedo de margen para que no se salga la mezcla al freir. Con un dedito es suficiente para que no se salga.

Ahora ya podemos freír los pimientos. En la freidora con aceite de oliva y a 200º. 
Sacar y espolvorear con sal fina de mesa por ambas caras.
Cortar en rodaja y colocar en una fuente.





Yo ya tengo mi entrante, espero que os guste tanto como a mi.

¡Saludos blogeros!

ALITAS DE POLLO EN SALSA AGRIDULCE

Las que iban a ser unas deliciosas alitas al horno han acabado en la freidora. Año y medio tiene mi horno y ya me ha dejado tirada, con lo que yo lo uso... Ay madre, ¿qué voy a hacer estos días? Confío en que lo cubra la garantía y si no el seguro. Pero sobre todo, que me lo arreglen cuanto antes, porque qué coraje que estas cosas siempre pasen en fin de semana... En fin, que alitas fritas, que también están muy ricas.



¡Empezamos!!

Lo primero es limpiar muy bien las alitas de plumas y piel, que ya sabemos la grasa que tiene la piel del pollo y se trata de disfrutar de la comida y de no arrepentirse después, así que fuera grasa.
Las adobamos con sal, pimienta negra molida, orégano, tomillo, romero, un ajito picado y una pizca de cayena molida.
Removemos bien y dejamos reposar una horita.
Mientras, vamos preparando el agridulce con el que vamos a untar las alitas antes de freirlas. En un bol, mezclamos un buen chorreón de salsa se soja, el zumo de 1 ó 2 limones (según el tamaño) y mermelada de albaricoque (que podéis cambiar por miel si os gusta más). A mi es que últimamente me ha dado por la mermelada ecológica, que le vamos a hacer...
Pasada la hora en la que hemos apartado las alitas, las extendemos en una bandeja de horno y las untamos de salsa agridulce con la ayuda de una brocha de cocina de silicona. Las volteamos para untarlas por ambas caras. 
Y ya están listas para empezar a freir. Prepara la freidora con aceite de oliva a 200º. Si las haces en el horno precalienta primero a 220º y baja luego a 180º. Al horno serían unos 15 minutos por cada cara.

Hoy tocaba comida familiar y esto nos gusta a todos,¡¡deliciosas!!

viernes, 26 de septiembre de 2014

Un buen queso, Mr. Marshall, Dickens y México

"Como bloguera vuestra que soy, os debo un post breve, y ese corto post que os debo, os lo voy a pagar."



Recuerdo la esencia de la anécdota, pero no la autoría. A un cantaor de esos que dicen por ahí que son casi analfabetos, le preguntaron hace muchos años:
- ¿Usted sabe lo que es un clásico?
- ¡Claro, clásico es lo que no se pué jasé mehó!
Y aún no ha nacido un académico que lo sepa definir con más precisión. Pues eso: pan, queso, Dickens, a las seis de la tarde como almuerzo-merienda. Con un café, por la hora, que si no, cae un vino.
Mis padres saben que me encanta el queso y que odio la leche. Me gustan los quesos bien fuertes y, con este que me regalaron de la Sierra de Aracena, no pudieron acertar más. Es de cabra u oveja (os juro que pone eso en la etiqueta), tiene un par de premios y está curado con pimentón, pimienta negra, finas hierbas y aceite de oliva. Abstenerse quienes no aprecien en lo que vale que catar un queso puede asimilarse perfectamente a la práctica de algunos deportes de riesgo.
Hoy me he saltado el almuerzo porque tenía muchos kilómetros por delante y prefería conducir. Venía por la carretera soñando con el queso y disfrutando como una loca con una de esas maravillas que tienen en las gasolineras por tres euros: los grandes éxitos de Jorge Negrete. Cantando como la desaforada que soy la pista once, que os dejo en el enlace, he llegado de puritito milagro, que dirían en México, aunque lo pasé padrísimo. La guardia civil me ha parado y todo para un supuesto control rutinario, pero yo creo que es porque no les dio ninguna confianza mi manera de conducir con la cabeza hacia atrás, la boca muy abierta, haciendo los coros de cincuenta compadres, lanzando mi sombrero imaginario y brincando en el asiento.

Aunque yo tengo una filia muy brava con el mejor escritor de todos los tiempos que ha parido el Támesis, reconozco que también marida muy, muy bien con nuestro Lazarillo de Tormes. Así que a vuestro gusto.
Que tengáis un fantástico fin de semana.

jueves, 25 de septiembre de 2014

SORPRESA

¡¡¡Gracias Carolina por la maravillosa sorpresa del día de hoy!!!


En la foto, Belén y yo  luciendo los preciosos delantales que nos ha hecho ella misma. Estrenamos delantal y renovamos la ilusión y las ganas que le ponemos al blog ratito a ratito.

Carolina, la carta nos ha emocionado y esta aventura blogera no ha hecho más que empezar. 
Compartir recetas nos encanta, las comidas en familia son una fiesta, pero lo mejor del blog es que desde Sevilla, Manzanares o San Fernando, estas hermanas (y una) Marx, se sienten siempre cerca. 

¡¡¡Te queremos Taro!!!






Cintas de Pasta Fresca a la Carbonara

Madre mía, que rico esta esto...que rico esta esto!!! Cuando vi esta receta en mi gran libro de Ferran, me saco de muchas dudas existenciales que tenia sobre la pasta carbonara y que no me terminaba de encantar, como eso de que lleve ajitos y cebolla, pues Sorpresa¡¡ esta receta no lleva nada de nada de ajo ni de cebolla. La vamos haciendo? 
Necesitamos para dos personas:
-un paquete de bacon ahumado.
-nata líquida de cocinar 200 ml.
-queso rallado, yo use manchego, que rallo yo misma.
-2 yemas.
-200 g de cintas al huevo. Las de Aldi están muy buenas, y sino preguntarle a mi hermana Mercedes.
-sal y pimienta.




Yo puse la pasta a hervir, hasta que se puso tierna y mientras tanto prepare el bacon, le quite la corteza y lo corte a tiras. Después, en una olla dore el baicon, y cuando lo tenía le añadí la nata menos un vasito pequeño que aparte. Lo deje cocer unos 5 o 7 minutitos. Puse un poco de sal y pimienta. La nata que aparte la mezcle muy bien con las dos yemas. 
Por último, ponemos la pasta en la olla que tenemos el baicon con la nata y añadimos las yemas, moviendo sin parar hasta  que ya ves que las yemas se han cuajado. 
Servir con un poco de queso rallado por encima. 
Lo que mas me sorprendió de este plato, es lo cremoso que  se queda las cintas con la nata y las yemas, y el rico sabor del bacon. Probar y me contáis!!!

domingo, 21 de septiembre de 2014

ALIOLI

Os paso mi receta de alioli, que no es sino una salsa de ajo y aceite. 
Si os animáis podéis hacerla a mano en el mortero, al estilo tradicional, sin añadir nada más. Pero yo la hago con una batidora de brazo y no me lleva más que un par de minutos.




Vamos a necesitar:
1 huevo, 1 diente de ajo, una pizca de sal y aceite de oliva.

Lo principal a tener el cuenta es que el huevo ha de estar a temperatura ambiente para que no se nos corte la mahonesa o alioli. Así que si eres de los que guardan los huevos en el frigorífico, acuérdate de sacarlo al menos un par de horas antes.

En el vaso de la batidora de brazo ponemos el huevo, el diente de ajo, la pizca de sal y dos o tres dedos de aceite, según la cantidad que vayamos a necesitar. En el caso de necesitar mucha cantidad podemos poner dos huevos y un diente de ajo más grande, así como más cantidad de aceite.

A la hora de batir vamos a ir incorporando un hilito de aceite al tiempo que batimos. Este aceite lo que hará es ir espesando la salsa y dando consistencia al alioli.
Y ya está, para que os hagáis una idea del tiempo que hay que batir podéis contar hasta diez al tiempo que batís e incorporáis aceite, a ritmo normal, ni muy deprisa ni muy rápido.

Así que ya veis lo fácil y rápido que es.
Yo uso aceite de oliva virgen extra para salsas de acompañamiento. Pero si es para una ensaladilla y quiero una mahonesa más suave, pongo aceite de girasol, pero como todo, esto va en el gusto.

Recordad, el huevo a temperatura ambiente.


Relátame tus cosas



Hay barrios con vocación de familia y barrios que no. Afortunadamente, tan sólo con algo tan inexorable como el paso de los años, la inmensa mayoría acaban por pertenecer al primer grupo. El mío también. Qué suerte tengo: mi barrio es un Cranford (más detalles después). 



No sé si sabéis que hace unos días mi cocina y mi horno manifestaron una idiosincrasia completamente inoperante y yo andaba atacadita de los nervios. Llamé a un chapús con precios entrados en razón (honrado, se entiende) que me ha resuelto algún que otro problemilla en el pasado, y por teléfono me dijo que si la cocina y el horno estaban en el otro barrio, pero la luz del horno sí iba, lo mío tenía malísima pinta y él no lo sabía arreglar. Que, si al final acababa comprando una cocina y un horno nuevo, para la instalación si podía contar con él. Eso me puso muy triste y necesitaba un café, claro. Como no me lo podía preparar en casa, me acerqué al Relátame y antes de irme (menos mal) le pregunté a su dueño, Quini:
- ¿Tú no conocerás algún técnico de cocinas, por un casual?
- Pues no. ¿Qué te ha pasado?
Se lo conté todo de pe a pa, porque tenía unas ganas enormes de desahogarme, y me dijo, dándose la vuelta para poner otro café:
- El seguro del hogar.
A mí se me despertaron los demonios internos que todos tenemos aunque casi siempre, menos mal, adormecidos. Claro, ahora resulta que soy tonta y la solución era así de fácil. Pero disimulé a la perfección y con mi voz de persona normal le dije:
- Ya, pero eso el seguro no lo cubre.
- ¿Cómo que no? ¿Con quiénes tienes el seguro? ¿Por ejemplo con fulanitos de tal?
- ¡Caramba! (bueno, dije otra palabra en vez de caramba). Precisamente con fulanitos de tal.
- Pues llámalos, que te lo cubren.
- Que no, Quini, que yo tengo muy mala suerte y no puede ser tan sencillo. Además, lo sabría.
- ¿Tú te has leído la letra pequeña?
- No.
- Pues ya sabes. Que es que estamos atontaos y no conocemos nuestro derechos y muchos males que tenemos vienen de no leer...
¡Ay, Señor! Precisamente a mí, por no leer...
Total que, de vuelta en casita, como a mi me da una pena muy grande que me riñan (aunque sea una operadora a la que ni le importo ni le importaré, que ni me importa y que olvidaré), me hice un cigarrillo (¡de tabaco rubio normal, por Dios!), me cogí el libro con las condiciones generales de mi seguro y me puse a estudiar. Y, a medida que estudiaba, se me abrían más los ojos, se me ensanchaban los pulmones (ahí me di cuenta de que llevaba varios días respirando lo mínimo) y se me alegraba el corazón. Que sí, que no sólo lo tenía cubierto, sino que hasta dos veces al año (espero que no) me puede pasar ese infortunio. Entonces cogí el imán que tengo en la nevera con el 902 al que debo llamar para estas cosas, me metí en internet en una de las muchas páginas que hay para que te den el número normal (¡gracias!) y, en menos de lo que se tarda en pronunciar la palabra periquete, tenía el 91 tal, tal y tal al que podía llamar sin coste adicional con mi tarifa. ¡Ja! Aún así, no las tenía todas conmigo, que yo soy una de esas personas inclinadas a esperar lo peor para sus intereses, pero la señorita que me atendió tomó nota de todo, me dijo que me enviaba a un técnico y, de apoquinar, no dijo no mú.
Ahora viene la parte dos, porque yo soy muy de término medio para casi todo (o eso creo) y, claro, la limpieza de mi cocina es de término medio. Y también sé cómo es la condición humana de los técnicos de cocina, de los jueces y de los profesores: que nunca te comparan con lo peorcito, sino con lo mejorcito. ¡Ay, mami, me tenías que ver saliendo corriendo a comprar uno de esos quita grasas supercaros que también te limpian una provincia entera si te pones y un par de guantes (para no quemarme las manos, que yo no sé lo que le echan a esas cosas)! Pero no me importa, gracias al pudor social, mis fogones (que no estaban sucios, ojito) ahora son un ejemplo para el mundo, si el mundo se quisiera fijar.
Y ahora viene la parte tres que, aunque ha tenido un final súper feliz, a mi me ha dejado un sabor agridulce, qué le voy a hacer, soy así.
Unos días después (porque yo no podía antes, no por demora de ellos) llueve a cántaros y viene el técnico. Le explico la problemática y se pone a desencastrar el horno. Yo me di cuenta de que mi gato, que no se pierde una tarea doméstica hombro con hombro, lo miró raro, se subió al último peldaño de la escalera y desde allí controló todo el tiempo la intervención. Yo lo miraba como diciendo, sí, Billy, un poco seco sí que es. Además, ni me felicitó por la limpieza ni nada, pero bueno. Como era muy tenso compartir el mismo espacio pequeño así, sin mediar palabra, quise darle un poquito de conversación:
- ¿Ha podido aparcar bien?
- En doble fila.
Si las piedras de granizo hablaran, habrían entonado igual.
Billy me miraba como diciendo: 
- Te lo dije.
Total, que llegó a las 11:22 h, arregló la avería y me pidió que le firmara un parte donde se le había olvidado rellenar los espacios destinados a las horas de llegada y salida. Lo normal. En el parte ponía 250,00 euros y, como soy de natural curioso, inquirí:
- ¿Esto no va por mí, no?
- No, no, por supuesto. Firme aquí. 
Aunque sonó a: firme aquí de una puñetera vez. Pues firmé, recogió su bolsa y a las 11:49 h se marchó bajo el diluvio. Os lo prometo, aunque se me hizo eterno, fue rapidísimo y apunté las horas.
- Anda, tonto, baja, que no era para tanto, le dije a Billy y me puse a recoger lo poquito que había ensuciado.
Y, aunque en el Eclesiastés pone bien clarito que quien añade conocimiento, añade dolor, yo me dije: pues voy a volver a probar que está todo bien. Y enciendo la cocina y enciendo el horno, pero el horno no va. No hacía ni dos minutos que había salido nuestro hombre por la puerta, así que llamé por teléfono a la empresa y conté mi nuevo marrón. Me dicen que lo van a localizar y que no me preocupe. Treinta segundos, me vuelven a llamar para decirme que han hablado con él pero que se había marchado ya, que vuelve de nuevo a buscar aparcamiento (en doble fila). Seis minutos, la alegría de la huerta regresa y Billy vuela al último peldaño. Enciende el horno. Perfecto. A la primera.
- ¡No entiendo nada! Lo he intentado dos veces y no encendía.
- ¿Usted qué ha hecho? Con el tono normal que emplean los cubitos de hielo cuando hablan entre ellos.
- Le he dado a este botón.
- ¿Y a éste no?
- ¡Córcholis! No me acordaba, de verdad, hace meses que no utilizo el horno y no me acordaba que había que darle a los dos.
Me quería tele transportar a alguna isla chula o algún sitio así. Y sí, dije córcholis, porque no me daba ninguna confianza y porque se lo merecía.
(...) 
Silencio a mala leche.
- Lo siento muchísimo.
(...)
Recoge sus cosas. No me habla. 
- Lo siento de verdad.
- Más lo siento yo. 
Y se volvió a marchar bajo la lluvia.
Os lo juro. Yo he vivido tanto como él y he tenido cienes y cienes de veces muchísimas ganas de contestar lo mismo, pero me lo reservo para cuando sea muy mayor. Creo que, si vuelve a fallarme el horno, cojo un tutorial de Youtube y me busco la vida antes que verlo otra vez. ¡Qué apuro más grande! Pero ahora ya me puedo hacer un gazpacho tranquila (estos días no he querido, porque no soporto hacer nada por obligación si puedo evitarlo, así que me he alimentado con sándwiches, que para mí es algo exótico) y lo tengo todo muy limpio. ¿Somos una especie rara, verdad?
Ni qué decir tiene que no voy a dar el nombre de la aseguradora que me ha ahorrado algunas canas, por principios y porque mi religión me prohíbe hacer según qué publicidades. No me han regalado nada que yo no pague con mi cuota anual y, después de haber vestido de limpio al técnico, me da cosita. Igual es un buen hombre que esa mañana tuvo alguna mala noticia, se le recrudeció la úlcera o le duele el fémur cuando llueve. Yo qué sé, pero sobre mi conciencia, para nada...
Si os estáis preguntando a dónde lleva este paseíto (verídico, eso sí) por los cerros de Úbeda (qué bonita es Úbeda), os respondo enseguida: lleva al Relátame y a un libro extraordinario. 
El Relátame es un bar de Sevilla de los de toda la vida que reside en la calle Relator, 48, casi a la misma sombra de las columnas de la Alameda y de la basílica de la Macarena si tuviéramos dos soles así de equidistantes. Es pequeño (aunque, si nos organizamos, cabemos todos) y pone unos desayunos estupendos amén de unas tapitas y platos combinados como Dios manda. La cocina es cosa de Loli, la mujer de Quini. No puedo recomendaros nada en especial, porque todo me gusta. Suelo reincidir en las croquetas de setas (a Montse le chiflan también) y en el montadito de lomo y jamón. Cuando en cuaresma Loli hace leche frita, le hacemos la ola. Precios entrados en razón. Fuera, al refugio de un toldo, aprovechando el ensanche momentáneo de la calle, tres mesas con sus cuatro sillas cada una. En las mañanas más frías del invierno soy la única persona del mundo que las ocupa. Cuando el cielo jarrea y, a pesar del toldo, te calas toda, también. Yo creo que, fumando, nadie me gana a impertérrita y empedernida. Ojalá en otras cosas fuese yo tan contumaz...
Y llegamos al libro, que desesperáis por nada.


Elizabeth Gaskell entregó Cranford a la imprenta en 1853. Al parecer fue Dickens (gracias, Charles) quien la animó a escribirla. Aunque la Gaskell ya conocía el éxito, ésta llegó a ser la más popular de todas sus obras y yo digo: ¡ole! Si un pueblo, en este caso el inglés de la segunda mitad del siglo XIX, es capaz de elegir y disfrutar un libro como éste, ese pueblo (entonces, al menos) sólo puede ser güena gente. Cranford es un pueblito, un puñado de casas y sus almas contribuyentes y correspondientes (como nuestros barrios), habitado en su casi totalidad por viudas y solteronas. Cranford no es un alegato a la buena vecindad y a la solidaridad entre pares (en ese terreno podría chirriar), Cranford es la fotografía objetiva del extraordinario poder que llega a alcanzar una vecindad. La buena compañía, la atención, el cuido y el apoyo que se procuran entre quienes nacen, mueren y, en ocasiones, también viven a solas. Cranford es el retrato (ahíto de disciplina, de rigor y sin almibarar), de la vecindad sonora. Si aún no lo han leído, corran a hacerlo, por favor. Serán más felices mientras dure su lectura. A partir de ahí, ya es responsabilidad de cada cual y cada quien.  ¡Viva mi Cranford y viva el vuestro!



miércoles, 17 de septiembre de 2014

Pastel Salado de Jamón y Queso

Otra receta sencillita para estos días en que andamos estresados con la vuelta al cole, a la rutina o el final de las vacaciones.Genial para una cenita rápida!




Vamos a necesitar:
Pan de molde sin corteza, mantequilla, jamón cocido (o jamón de pavo, lo que más os guste), queso en lonchas (yo he puesto un poco de Emmental y de Mozzarella), sal, pimienta, 2 huevos, 1 brick pequeño de nata para cocinar.


Lo primero es preparar un molde de silicona rectangular y untar de mantequilla. Montamos el pastel empezando por colocar en el fondo una capa de jamón cocido, otra de queso y otra de pan de molde, y así alternativamente hasta completar el molde y acabando con una capa de pan.

En un bol batimos los dos huevos y agregamos la nata, salpimentamos al gusto y mezclamos (como cuando preparamos la quiche). 

Ahora hay que volcar el contenido del bol sobre el pastel, pero para que penetre bien el contenido dentro del pastel vamos a agujerearlo primero clavando un palito de madera hasta el fondo por todas partes. Volcamos el contenido del bol muy despacio ayudándonos de una espátula o lengua de cocina para que vaya entrando en el pastel y por todos los bordes.

Ya sólo queda cocerlo al baño maría en el horno, 40 minutos a temperatura media para que no se nos queme la capa de pan que queda arriba.

Dejar templar antes de desmoldar, más que nada para no quemarnos los dedos.
Aunque se puede comer como un pastel frío, recomiendo comerlo en caliente, está mucho mejor recién hecho.


¿Te gusta el resultado? ¡Buen provecho!


martes, 16 de septiembre de 2014

Tila doble


Querido Dios, ¿por qué? ¿Tienes algún propósito, por inescrutable que parezca? ¿Será para bien? Comunícate, por favor. Me tienes en ascuas vivas. Va a ser mejor que os cuente desde el principio.






Resulta que hoy he llegado a Sevilla a mediodía sobre las tres pasadas, muy mala hora para aparcar ya, y a las cuatro todavía estaba yo dando vueltas con mi coche. No me quejo en absoluto, que para vivir donde vivo y sin garaje, aparco casi todos los días a la primera y me parece justo un poco de paciencia de vez en cuando. Así la ejercito y conozco gente, señoras mayores que perdieron el oído en alguna discusión, sobre todo. Porque donde vivo (yo también he adquirido el hábito sin darme cuenta), vamos todos caminando por el centro de la calle y nos apartamos cuando sentimos un coche. No lo hacemos por molestar, sino porque es muchísimo más cómodo ya que las aceras son muy estrechas, están hechas una pena y los dueños de los perros no se hacen cargo de ya sabemos qué. Y allá que voy yo todos los días buscando aparcamiento detrás de las señoras con sus bambitos pacá y pallá, como las bambalinas de los pasos de palio, que parece que voy detrás de la Macarena. Si no se apartan cuando estoy ya a treinta centímetros, rezo un padrenuestro rapidito (por darles tiempo, no porque me den miedo) y ahí sí que toco ya el claxon. Suavemente, para no asustarlas y para no oír lo que piensan de quienes sólo vamos a lo nuestro. Luego las saludo con la mano y sigo. Total, que las cuatro y diez, sesenta y tres señoras saludadas y yo sin aparcar. Entonces he visto una plaza enorme en un sitio de carga y descarga hasta las cinco de la tarde, justo en la puerta de un bar de toda la vida, con sus tapas de toda la vida, a precios de toda la vida y bien despachás. Que los gastrobares me encantan, pero es que en la zona de la Alameda de Sevilla y alrededores no queda casi ningún sitio donde tomarte un solomillo al whisky, un flamenquín o una pavía de bacalao y no tener que financiar la dolorosa en cómodos plazos. Total, que me digo, pues hoy va a caer, Belén, ese solomillito al whisky con el que sueñas y al que no le coges el punto en tu cocina. Te lo tomas tranquilamente con una cervecita, vigilas el coche y, cuanto te des cuenta, son las cinco y estará bien aparcado. Y allá que voy y tomo feliz posesión de la única mesa libre que quedaba a pesar de la hora, justo al lado de otra mesa que ocupaban un padre joven (treinta y pocos), hippie pero bien, con sus dos niñas, de hippies bastante menos, de unos tres y cinco años. Me pido la cerveza y mi solomillito y empiezan las niñas (de haber empezado antes, me largo sin pedir) a gritar y a pegar golpes con sendos paraguas monísimos  (hoy ha chispeado) contra la pared. Tomaban impulso hacia atrás (exactamente contra mi persona) para saltar más alto y golpear fuerte con los paraguas contra un azulejo de manzanilla La Gitana precioso y antiquísimo que había en la pared.
- No molestéis a la señora, que le podéis hacer daño. Les dice el padre hippie y modernito, con el mismo énfasis que pondría en dar instrucciones a un caracol.
- ¡Por Dios! ¡No se preocupe por mi! Pero haga algo por el azulejo, ¿no ve que está firmado y todo?
Yo creí que lo había gritado de viva voz, pero se ve que la naturaleza es sabia y te contiene, y sólo lo grité dentro de mi cabeza. Menos mal, que me veo comiendo dos paraguas de aperitivo en vez de los piquitos de pan.
Pues las niñas dale que te pego, que si no dieron treinta veces en el azulejo (y fuerza que tenían las canijas) y treinta en mi hombro izquierdo, no dieron ninguna.
- ¡Chicas, es que no entiendo que tengáis que golpear la pared! ¡Parad de una vez!
Aquí volví a recuperar un poco de confianza en el padre, menos mal.
- ¡Que os podéis hacer daño!
- ¿Daño? ¿Estas alimañas? Pregunté yo. Menos mal que, una vez más, no me salió la voz y lo pregunté sólo en mi vida interior.
A estas alturas mi cerveza estaba ya calentorra y me estaba tomando mi única tapita con la misma alegría y tranquilidad que uno siente (no lo he vivido, pero me lo puedo figurar) cuando le conducen al cadalso mientras suena la marcha Radetzky por megafonía. Eso sí, mi coche bien vigiladito que lo tenía. Esas niñas que no han cotizado en la vida, que espero que nadie les regale una mascota jamás, que han nacido para ser piquetes contra los huelguistas, esas niñas, digo, se habían pedido ya cinco tapas para picotear una chispita de cada una y llenar de babas, gurruños de servilletas y cocacolas derramadas (de nuevo los paraguas) los platos enteros. Y cuatro más que se pidieron luego y paraguazo va y paraguazo viene. Y las tiernas infantes, que listas sí que eran, se dieron entonces cuenta de que si los abrían, me podían meter una varilla en el ojo y sacarme una lentilla como sin querer. Y lo consiguió la más alta. Yo le quité la salsa al whisky con saliva y me la puse otra vez, que tengo seis dioptrías largas y a ver cómo encuentro mi casa. De haber podido articular palabra, le habría pedido un vaso de agua para enjuagarla al camarero (que, por cierto, me trataba fatal, a mí y a todo el mundo, pero era porque las niñas le daban en los tobillos con los paraguas cada vez que salía a atender alguna mesa y estaba el pobre estresaíto perdido) que yo no soy tan desahogada con la higiene, pero es que estaba rota por dentro.
- Venga, chicas, portaos bien que va a llegar mamá, que tiene muchas ganas de veros.
- Imposible, dije yo. (Para mis adentros, claro).
- ¿Y cuándo viene mamá?
- Pronto, pronto, está llegando. Venga, vamos a llamar a la abuela mientras. Os ponéis vosotras y le decid que venga esta tarde a casa. ¡Venga, sí, tortura psicológica con la abuela, chicas!
- ¡No, por Dios! ¡A la abuela no, que las personas mayores tienen sus cosas y le puede pasar algo! Chillé yo en silencio desde el fondo de mi alma.
Cuando llega la madre (la abuela creo que había desconectado el teléfono), veo que es tan neo-hippie y modernita como el padre y de la misma edad. Y que se ponen a ver los cuatro juntos unos vídeos en el móvil a todo volumen. Varios vídeos de risas histéricas que los cuatro celebraban con risas histéricas. Invitaron a las niñas a que siguieran maltratando el azulejo  y mi hombro (¿qué le importo yo a nadie?) y se pusieron a charlar de sus cosas. Resulta que ella era profesora de secundaria y el formador de algo, de qué, no llegué a enterarme, pero de personas. ¡Personas con derechos humanos! ¡Esos dos!
- Educadamente -le habla el padre a la mayor- vas al camarero y le dices: por favor, ¿nos puede traer un batido de chocolate con dos cañitas?
Las niñas, como dos centellas, paraguas en alto, entran en el bar.
- ¡Crack, crack!
- ¡Ay, ay!
- Ji, ji, ji. ¡Pobre camarero! Dice la profesora de secundaria.
Si os estáis preguntando cómo me quedé tanto tiempo, la respuesta es que no me quedé mucho tiempo. A las cuatro y media no podía más, aunque según mis planes iniciales tendría que haber vigilado mi coche esa media horita que me quedaba con un café. Ni loca, así que entré y pedí la cuenta. El camarero me miró como diciendo, feliz tú que puedes.
- Perdone, tengo el coche en la puerta, ¿no habrá problema con la carga y descarga por media hora, verdad?
- ¿Qué no? ¡Lo raro sería que no la hayan multado ya! Ahora los municipales no multan a pie de coche, van montados en el suyo haciendo fotos y luego la multa le llega por correo. A mí, la semana pasada, me llegaron dos.
Cuatro parroquianos de la barra me aseguran que sí, sin exagerar, ellos tenían también unas cuantas en la mesita de la entrada que hay en todas las casas.
Me puse las gafas de sol para que no se notara que estaba llorando, cogí mi coche y lo aparqué en un momento a setenta metros de mi casa, previo pago de un euro a un gorilla que hay nuevo desde hoy. Que no se habrá enterado que uno de los muchos impuestos que pago es precisamente para poder aparcar en la calle.
Cuando he llegado a casa, le he dado un beso a mi gato, le he puesto su latita y, en vez de café, he ido a prepararme una tila doble. Como no tenía, he rotulado (por la cosa de la autosugestión) dos bolsitas de menta-poleo que, además de digestivas, digo yo que bien podrán ser también algo relajantes. Cuando he ido a calentar el agua (ni tengo microondas, ni lo quiero) he podido comprobar en mis carnes que me he quedado sin cocina y sin horno. No sé que ha pasado; el café me lo hice sin problema esta mañana. Pero como cuando digo que sí, es que sí, el agua la he calentado moviendo un palito a velocidad cuchara hasta que se me ha partido el codo y me ha dado un tirón el hombro. He cogido a Marco Aurelio para tener una charla de tú a tú con él y me he tomado la tila doble (estaba fría).

Si en muuuuuucho tiempo no cuelgo ninguna receta de las de verdad, es que la avería era muuuuuuuy cara y tendré que ahorrar para comprarlo todo nuevo. De financiarlo, me olvido, que hasta antes de ayer, como los ricos se lo creen todo, hablaba directamente con Isidoro y ya está, pero los empleados son gente como tú y como yo, con muchos tiros dados y es verme llegar y reírse en mi cara y hacerme chufla enrollando los impresos de: suplico me lo aplacen sin intereses. Pero no os preocupéis, que tengo un queso estupendo para abrir, con premios y todo (gracias mami), muchas latas de conserva y muy poca vergüenza.
¡Gracias por aguantarme!

P.S.: Hermanas, no os preocupéis por mi. El resto del día ha ido bien.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Gambas al horno

 Verán, el otro día estando trabajando me estaba contando una señora que iba hacer gambones a la plancha porque este fin de semana  venían sus hijos a comer y había otra señora esperando su turno, que no se pudo resistir a comentar con nosotras...y nos dice, pues mi hermana las hace al horno y le quedan riquísimas y no manchas tantos, ya sabemos que saltan un montón. Y además no se te llena la casa de humo, ni huele tres días a gambas a la plancha. Y yo que no pregunté, pero pensé ¿¿estarán igual de ricas??
Pues el sábado por la noche me puse manos a la obra... saque mis gambitas de Huelva, las descongelé, y en una bandeja de horno las coloqué, un buen chorreón de aceite y su sal. Cuando ya están tomando color yo siempre les exprimo un limón porque la salsa después está para mojar pan o la misma gamba cuando la hemos pelado. En unos 5min tenía mis gambas hechas, ni yo me lo creía.

He decir, que ha sido todo un descubrimiento, porque el sabor es auténtico, las gambas sabe mucho más a gambas, el aceite no se quema y mantiene su sabor a aceite crudo y con el toque de limón ni os cuento. Y una cosa que ayuda también es que no manchas tantos, que es de agradecer, ese tiempo lo empleé en tomarme un vinito más. 

Que tengáis una buena semana, vamos a por ella y este fin de semana, ya sabéis, a hacer gambas al horno!!!!

Las huevas de maruca, los paraísos cercanos y la amistad.

Aviso para navegantes desde ya: esta será una de esas entradas en las que se me irá la cabeza un poquito más de lo normal, que ya es decir... Una, que ya se conoce, lo advierte. Así que quienes prefieran ausentarse, no pasa nada ( pero vamos, que también puede esperar un poquito lo que tengáis que hacer, digo yo). A quienes os quedéis, mil gracias.
Yo soy una persona de paraísos cercanos, más que nada, porque los lejanos, vaya usted a saber porqué (y eso que ya tengo unos añitos), hasta ahora ni se han dejado caer, ni yo he sabido alcanzarlos. A lo mejor es porque apenas si he tenido tiempo para algo más que el noble y heroico arte de ganarme el pan (esto es un blog de cocina. Voy bien, ¿no?) y los libros, de sortear los obstáculos inherentes al hecho de vivir y de tomarme una Cruzcampo bien fresquita en los ratos que lo suyo era eso. Pero vamos, que de paraísos lejanos, como mucho los libros de viajeros y viajes que han caído en mis manos y la gente que te cuenta sus maravillosas experiencias sin tener en cuenta si te mueres de pena, de envidia, o de qué. Sé más de motores diésel (y no podría ni rellenar un post-it con mis conocimientos) que de esos paraísos. Para compensar, de los paraísos cercanos no es que sea una experta que podría dedicarse a dar clases magistrales y todo, es que si no existieran los habría inventado yo. La foto que veis representa para mi casi, casi (aunque hay muchos más) la esencia de uno de esos paraísos: huevas de maruca, almendras tostadas, un buen libro, un buen vino y por poco no sale también el más maravilloso de todos los gatos, mi Billy. Por iniciativa propia se subió a la mesa y por iniciativa propia se quitó de enmedio justo en el momento del disparo. Los gatos son así: tienen la agilidad de cambiar de opinión cuatro veces en cuarenta segundos. A quienes los amamos, nos parece un plus.



Si mañana Dios no tuviera nada mejor que hacer (cosa improbable pero no imposible), me llamara por teléfono (que me pille con cobertura, ya sería más raro) y, después de algún pequeño preámbulo o saludo, que seguro que es muy educado, me soltara:
- Mira, Belén, te llamo porque tengo un dilema muy gordo y necesito que me ayudes.
(Aquí un inciso, que casi puedo leeros el pensamiento y casi que quito el casi. Dios ha podido llamarme porque le han hablado bien de mí, porque lo ha sorteado y ha salido mi número, porque lleva eones observándome y le inspira confianza mi criterio o por mil razones más. Sigo.)
- Pues que, como te estaba diciendo, como soy Dios y hace una eternidad que no hago nada nuevo desde aquella primera semanita y cada día tengo un perfil más bajo, se me ha ocurrido que a partir de ya os vais a alimentar con píldoras. Voy a eliminar de un plumazo todos, toditos, todos los alimentos que tanto os gustan y voy a dejar sólo uno, que elegirás tú. El resto, píldoras, que son muy sanas y muy sostenibles.
Pues, si eso llegara a ocurrir, más os vale que os gusten las huevas de maruca tanto como a mí. Se me caerían dos lágrimas muy sentidas de pensar que nunca más volvería a disfrutar de todas las cosas del mar que llevan concha, que nunca volvería a asaltar un plato de jamón como quien invade un país del que codicia su petróleo, pero yo salvo las huevas de maruca.
Aunque hace mucho que no tengo vergüenza por considerarla innecesaria, aún me queda la justa para no atreverme a colgar esta entrada como receta (comprar las huevas de maruca, cortarla en lonchitas con cariño, acompañar de almendras, degustar, ser feliz), de modo que la pondré en la pestaña de: sitios que nos gustan. Así, de paso, os recomiendo un lugar que lo merece. La Almadraba está en Sevilla, en la calle lateral del Mercado de Feria, no recuerdo el nombre, pero es muy fácil de encontrar una vez lleguéis al mercado. Son de Barbate y todo lo que sirven, riquísimas viandas para comprar o tomar allí, es de Barbate. Por supuesto, tienen huevas de maruca además de otras salazones. Excelentes vinos y cerveza fresquita. Aunque el local es pequeño, como puesto que es del mercado, ponen mesas altas fuera y sus correspondientes y amables taburetes. Os lo recomiendo, porque se tapea de vicio y porque se lo merecen. Lamento muchísimo poner una fotografía cuando el local está cerrado, pero la hice un domingo por la mañana y no habían abierto aún.



Y para acabar: si os fijáis en la primera foto de nuevo, veréis un ejemplar de la escurridiza y maravillosa autobiografía de Agatha Christie, que me va a servir para hablar de la amistad. Si yo tuviera el talento de Montaigne, os regalaría un ensayito como es debido, pero como no es así, lo puedo resumir en una frase: la amistad es muy importante en la vida, pero tiene sus límites. Me explico. Yo había leído en la tablet esta autobiografía inencontrable en librerías hace ya décadas. Por supuesto, anhelaba encontrarla en papel, que un libro digital será algo muy práctico y muy limpio, pero jamás en la vida será emocionante. Sin prisas, algún día. Recientemente, acabé hablando con una amiga de este libro. Resulta que su marido es incondicional de la gran dama y a ella le gustaría, me dice, encontrar el libro para regalárselo porque lo quiere mucho (al marido). Yo le dije (y lo dije creyendo que era verdad): no te preocupes, Luisa, que estaré pendiente y te aviso si lo encuentro. Y no sólo eso, como estás siempre más liada que yo, luego me meto en internet, en iberlibro, y te digo en cuántas librerías de viejo de España está, si es que está, para que hagas el pedido a tiro hecho y lo recibas en casa. Buena amiga, ¿verdad? Bueno, pues lo miré. Resulta que estaba en cuatro librerías de nuestro maravilloso país, pero es que, para colmo, una de ellas en Sevilla. Para colmo, en el Pasaje de los Azahares, a escasos metros de mi choza. Me puse tan nerviosa que no me atreví ni a llamar por teléfono por si acaso lo habían vendido y no estaba actualizada la página. Creo que me puse los zapatos del revés (más que nada lo supongo porque fui tropezando todo el camino), cogí la cartera, las llaves y, más que correr, volaba. Aún me señalan por la calle las vecinas. La verdad es que mi velocidad llamaba la atención. Eso y los codazos que pegaba para ganar la acera. Bueno, que llegué, lo encontré, lo compré y a Luisa no le he dicho ni mú, ni pienso hacerlo. Como castigo, lo pagué más caro que el precio fijado en iberlibro. Dieciocho euros me cascaron y ya he limpiado la sobrecubierta tres veces con alcohol y el algodón sigue saliendo marrón muy oscuro. Pero ni me quejé ni nada, que yo también soy una gran dama, aunque no del crimen (aún, dadme tiempo).

Si habéis llegado hasta aquí sabréis que dedico esta entrada a Montse por regalarme las huevas de maruca que veis en la foto, a Ricardo, por su cibernética amistad y a Luisa, para que me perdone.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Guacamole

Os voy a poner mi receta de guacamole porque la hago un poco diferente a Belén.

Ingredientes:

- Un aguacate.

- Un poco de cebolla.
- Medio tomate de pera.
- Tabasco.
- Medio Limón.
- Aceite y Sal.
- Cilantro.

Como una receta tan sencilla puede tener un sabor tan especial... los secretos del aguacate. Para prepararlo solo basta con poner en la batidora el aguacate, un poco de cebolla, el medio tomate pera, el zumo de medio limón, un chorreón de aceite, una pizca de sal, unas gotas de tabasco, y un poco de cilantro -yo lo uso seco, ya que aquí no lo encuentro fresco, y en grandes superficies te venden unas bandejas muy grandes y me da pena tener que tirarlo-.Todo batido, en cuestión de unos segundos tenemos un picoteo exquisito. Yo lo suelo poner con unos nachos ecológicos que compro en Aldi, pero para tostas con anchoas también me gusta mucho. Ahí os dejo mi guacamole!!!

Feliz vuelta de vacaciones y un beso... os dejo un poco de música

Taboulé

Claro, así, ya se puede. Como al Manzanares de Carolina ya han llegado los primeros fríos y a Montse le dan igual ocho que ochenta y ella guisa lo que le apetece...pues, eso, que ya tenemos recetas maravillosas de fogones ardiendo como Dios manda, pero yo aún tiro de cocina fresquita, como este taboulé que hoy quiero compartir. Es muy fácil de hacer pero un poco...vamos, que se entra en la cocina, pero no se sabe cuando se sale, que tiene tarea de picar y picar, y que llegan a doler las cervicales. Sus ingredientes son muy humildes, aunque ya os lo digo, si alguien alguna vez os invita a comer y os ofrece taboulé, es una declaración de amor en toda regla. En serio.

Vamos a necesitar:
Un vaso de agua lleno de couscous y la misma cantidad de agua de Emasesa o de la compañía que os la cobre a precio de Marqués de Riscal.
Una cucharada de comino en grano.
Sal.
Un tomate (podéis poner dos si os encanta).
Un pepino.
Una cebolla (yo la prefiero morada).
Un buen manojo de perejil.
Un manojo de yerbabuena el doble de abundante que el de perejil.
Dos limones.
Un chorreón de aceite.

Y como creo que no olvido nada, allá que vamos:
Ponemos a calentar el agua con la sal y el comino. Cuando hierva, la apartamos del fuego y le añadimos el couscous. Se hidratará en unos minutos escasos y tendremos el cuidado de ir removiendo con un tenedor para separar los granos. Cuando esté en su punto, lo pasamos a un bol grande. Pelamos el/los tomates, picamos muy finito y añadimos al couscous. Pelamos el pepino al que habremos quitado los extremos y dejado un poco de piel verde (ná y menos) 
para que no amargue. Añadimos. Pelamos y picamos la cebolla. Trozos muy pequeñitos, como todo lo anterior. Añadimos. Previamente habremos lavado y secado las ramitas de perejil y yerbabuena. Desechamos los tallos y picamos muy bien las hojas. Añadimos. Un buen chorreón de aceite de oliva y el zumo de dos limones. Removemos muy bien y enfriamos en la nevera. ¡Espero que os guste!



El maridaje de esta ensalada tan veraniega lo propongo con la única novela que escribió Eugene Fromentin, aunque no pega ni con cola. Dominique es un libro triste, muy triste, otoñal por encima de todas las cosas. Es una obra bellísima y tan difícil de olvidar una vez leída como de encontrar para leerla, ya que anda descatalogada. Yo la encontré en Raimundo, una librería de lance del casco antiguo de Cádiz. Ha sido el euro veinte (¡1,20€!) mejor amortizado de mi vida. El taboulé de la foto lo hice para invitar a una amiga a la que le había prestado el libro, recién me lo acababa de devolver y yo me dije: pues no te compliques la vida, maridaje que te crió!



sábado, 13 de septiembre de 2014

Restaurante Los Sentidos, Linares (Jaén)

El lunes descansamos y nos fuimos a conocer un restaurante que yo tenía ganas de ir. Y cual fue mi sorpresa que me encanto. Despertó nuestros sentidos... Buen servicio, calidad máxima y el precio bastante bien. La carne te la cobran según esté en el mercado. En la carta estaba un poco más cara. Los Sentidos.




 Pedimos más cosas pero no tengo fotos, a los primeros platos nos lanzamos directamente...
Este sitio es para volver... 

Judías con Chirlas

Cuando vi esta receta en el libro "La comida de la familia Ferrán Adría" se me vino a la mente Portugal, día de lluvia, de mucha lluvia, con mi hermana Belén. Nos fuimos de fin de semana al Cabo de San Vicente y como llovía tanto...decidimos volvernos al día siguiente con el maletero lleno de latas de paté de sardinas.
 Como nos pudimos reír con todo lo que nos pasó en un día y medio que estuvimos allí. Empezando con el dueño del hotel que vino a la habitación para darnos mantas y entro con un cigarro y como se le cayó la ceniza al suelo fue al baño tranquilamente, cogió un poco de papel higuiénico le plantó saliva y quito la ceniza del suelo!!! siiiii, a mi se me salían los ojos!!! Que conste que era un buen hotel... pero el dueño algo peculiar.
 Bueno, pues cuando decidimos volvernos para Sevilla con toda la pena del mundo, porque era imposible bañarse en la playa... nos compramos dos collar de conchas para alegrarnos el camino. Allí que íbamos las dos más feliz que una perdiz con nuestros collares y nuestro disco de Bebe. Y Belén actuando de hermana mayor, me dice de pronto.
 -Sabes Carolina de mi corazón, que antes de salir de Portugal nos vamos a comer un buen pescaito en el Puerto, mirando el mar y viendo llover, que también es muy bonito.
-Pues me parece muy bien, Belén.
Y allí que paramos, y más que reímos. Yo me pedí un delicioso pescado al horno. y ella algo que no entendimos a traducir, era como algo con almejas en salsa. Pues vaya tela, le plantaron un plato de judías con tres almejas!!!! todavía lo cuento y me da la risa. Pobre hermana, le faltaba llorar!!!! En aquel entonces odiaba ese guiso. Tuvimos que compartir mi pescado... porque no le quedaron ganas de pedir otra cosa y arriesgarse.



Belén va por ti!!!
Necesitamos para dos personas, 180 gr de chirlas, 400ml de caldo de pescado, picada, sofrito, un bote de judías blancas, sal y pimienta negra.
La picada y el sofrito es el mismo que utilicé en la receta de Arroz Negro con Sepia.
Primero limpiamos las chirlas, dejándola en agua con sal para que expulse la posible arena que tenga, yo las dejo como una horita.
En una ollita baja, pongo el sofrito y le añado las judías, lo muevo todo muy bien y añado el caldo de pescado. Pasado 15 min añado las chirlas y la picada, y dejo cocer hasta que las chirlas estén abiertas. Ya solo nos queda poner un poco de pimenta negra y añadir un poco de sal.
El sabor que le da la picada y el sofrito con el romero y el tomillo que lleva lo hace una mezcla deliciosa con las chilas y las judía.
Como para el arroz negro necesitaba 600ml de caldo de pescado, y para esta receta 400ml, pues en la misma semana hice los dos platos. Es evidente que compré 1litro de caldo de pescado Aneto y no quería que se me pusiera malo.
Y ahora solo me queda deciros... que disfrutéis del fin de semana. 

ASOPAIPAS

Pasando la calor, ya apetecen. Pero, ¿qué son las asopaipas? 


La asopaipa no es sino masa de pan frita. En Marchena se llaman buñuelos, aunque este nombre no me parece el correcto, y no creo que en ningún otro sitio se puedan entender las asopaipas por buñuelos, ya que los buñuelos de siempre han tenido forma de bolitas.

Cuando vivíamos en Marchena recuerdo ir mucho a por masa para hacer buñuelos. Casi siempre los tomábamos para el desayuno o para cenar acompañados de un tazón de chocolate. Hoy por hoy sería incapaz de tomar una cena tan pesada, pero en aquel entonces hacíamos una fiesta cada vez que los cenábamos. 
 Una imagen: toda la familia en la cocina, con la harina extendida en la mesa, las hermanas mayores amasando y dando forma (con el rodillo o con un botellín de cerveza), y mi madre friendo... ¡Qué recuerdos! Y los seis hermanos pendientes del perol y de los buñuelos que iban saliendo: "¡Ese es mío!", "¿Tú cuántos llevas?"  o "Yo quería uno más gordito" - cómo nos poníamos...

En mi casa también llamábamos "asopaipas" a los buñuelos, que es como los llamaba mi padre, a quien a su vez se los hacía su madre, la abuela Magdalena, cuando vivían en La Roda de Andalucía. Mi abuela era cordobesa, no sé bien si de Cabra o de Lucena, pero no sé cómo llaman allí a esta masa de pan. Mi abuela vivió muchos años en Jerez, pero en Jerez, como en casi todo Cádiz, se le llama "pan frito", así que el nombre de "asopaipas" debe de venir de la sierra malagueña, no lo sé muy bien.

Lo cierto es que a todos nos encantan las asopaipas o buñuelos y como aquí en Sevilla no sé dónde comprar masa de pan, un día decidí empezar a hacerlos.



Ingredientes:
Harina, agua, aceite, levadura y sal.




Lo primero es coger un bol. Yo utilizo uno grande de cristal. Y pongo más o menos harina según la cantidad que quiera hacer. Incorporo la sal y mezclo. Hacemos un hueco en el centro de la harina y echamos un chorréon  de aceite y agua templada de un cacito que habré calentado antesAñadimos un cuadradito de levadura fresca o un sobre de levadura si no tenemos del otro. Amasamos bien y dejamos reposar para que suba la masa. 


Yo la suelo dejar al menos 8 horas tapado con un paño seco, y si hace calor, en la nevera, lo normal es que la prepare de un día para otro.



Y ya al día siguiente preparamos los buñuelos. Espolvoreamos de harina una superficie lisa, una mesa o encimera. Volcamos la masa y vamos cortando bolitas del tamaño de un huevo o de media pelota de tenis, según el tamaño que queramos dar al buñuelo. Pasar por la harina y aplanar con un rodillo. 

Freír en aceite muy caliente, vuelta y vuelta para dorar por ambas caras. E ir colocando en una fuente con papel absorbente (rollo de cocina) en el fondo para eliminar el aceite sobrante.


Ideales para el desayuno de los domingos, ¿os apetecen?
¡Buen provecho!

miércoles, 10 de septiembre de 2014

CARNE AL TORO

En Cádiz no sólo se come buen pescado, hay ciertas recetas de carne que me encantan, como ésta de carne al toro. 
Se llama así porque se hace con unas especias llamadas "al toro" que se venden en cualquier puesto de especias del mercado. Las mías las compré en el mercado de Puerto Real, pero si no las encuentras puedes hacer una mezcla de pimentón, laurel, clavo, tomillo, pimienta negra, y puede que comino, que es lo que lleva. El conjunto de estas especias hacen que la carne quede muy picante, de ahí el nombre.



Para esta receta necesitamos:
1 kg de carne (ternera, magro de cerdo o como yo he usado hoy, carrillada), 1 pimiento grande, 1 cebolla mediana, 3 dientes de ajo,  1 lata de tomate triturado de 400g, aceite, sal, laurel, zanahoria, 1 vaso de vino tinto, 1 sobre de especias de carne al toro, 1 pastilla de caldo de carne o verdura (opcional), agua.

Para empezar vamos a limpiar y trocear la carne. A mi me gusta más usar la carrillada que es una carne que me encanta, aunque en Cádiz esta receta casi siempre es con ternera. 
Hacemos un refrito con el pimiento, la cebolla, el ajo y el tomate (yo hoy he usado una lata de tomate triturado, pero lo puedes hacer usando tres o cuatro tomates maduros). Lo batimos y lo ponemos en la olla express junto con la carne con un toque de sal. Añadimos también la zanahoria en rodajas. Y rehogamos todo. A continuación, agregamos el vino, la pastilla de caldo y las especias y lo dejamos cocer unos minutos. Antes de cerrar la olla, yo le añado otro vaso de agua. La cerramos, 15 minutos en la olla y listo para para mojar pan. 


Si, si, para mojar pan en la salsa, no te olvides de preparar una buena pieza de pan al lado!!

Y para acompañar, como no, patatas fritas. ¡Buen provecho amig@s!

SALMOREJO DE REMOLACHA


INGREDIENTES:


- Remolacha cocida

- 1kg tomates rojos muy maduros

- Un poco de pan del día anterior

- 2 dientes de ajo

- Aceite de oliva, vinagre y sal



PREPARACIÓN

En un vaso de batidora ponemos los tomates pelados, el ajo, media remolacha y batimos.
Una vez batido vamos añadiendo el pan poco a poco hasta obtener el espesor deseado.
La cantidad de remolacha que se le añade a este plato depende del gusto de los comensales, la remolacha tiene un sabor muy particular de manera que recomiendo poner poca cantidad y luego podemos ir corrigiéndola hasta alcanzar un sabor satisfactorio y el color deseado.
Añadimos aceite de oliva, sal y vinagre al gusto. Pasamos el salmorejo por un  colador fino para obtener una textura suave y sin grumos.

Es un plato muy vistoso, por su color, y si no gusta mucho la remolacha, se puede añadir poca cantidad, que no modifica mucho el sabor del salmorejo tradicional, pero el color varía notablemente. Un plato perfecto para quedar bien con las visitas más exigentes...


Como acompañamiento podemos optar por el tradicional del salmorejo (jamón y huevo), la melva y jamón (fotografía) o innovar un poco más acompañándolo de tacos de queso brie y rúcula (espectacular)

A disfrutar!!!
                                                             

martes, 9 de septiembre de 2014

GANADORA DEL CONCURSO



En este anárquico concurso, donde la peor participante fue la propia organizadora que ni siquiera llego a colgar su receta... siiii COLLEJA!, pues a lo que iba, que en este concurso hubo una justa ganadora, que no solo colgó dos recetas, sino que además es quien más se ha preocupado de los votos, de los plazos, esperó pacientemente su regalo que llegaría con mucho retraso, y hasta posó para su foto de la victoria, aún sabiendo que tardaría en colgarla, vamos la merecida ganadora no es otra que MONTSE.
Os dejo el enlace de la receta Ganadora, la que además puede dar fe de que estaba buenísima.

Atún encebollado

El regalo consistía en un juego de cuchillos con tacoma, como no, siendo un blog culinario es lo propio, ¿o no?

Enhorabuena a la ganadora!!!!



lunes, 8 de septiembre de 2014

TARTAR DE ATÚN


Mira por dónde, el concurso de recetas con el atún como ingrediente estrella me ha motivado a elaborar por primera vez una receta a la que le tenía ganas... Gracias, Sandra y hermanas! Supongo que he tenido la suerte de la novata, porque para ser la primera vez que preparo un tartar, me ha quedado de lujo y me he puesto a mi misma el listón altísimo. Vamos, que no es por nada, pero que merezco ganar!

Necesitamos:
Como 400 gramos de lomo de atún fresquísimo. (Si es de Barbate y comprado en un puesto de confianza del mercado de Feria, mejor).
Un aguacate.
Una lima.
Una cucharada de aceite de oliva.
Dos cucharadas de salsa de soja.
Pimienta.
Semillas de sésamo.

Manos a la obra:
Para empezar, tener la precaución de congelar el atún 24 horitas. Pasado el tiempo, lo descongelamos y cortamos con un buen cuchillo en daditos como de un centímetro. Aliñamos con el aceite, la salsa de soja (aquí no pongo sal porque la soja es muy salada y no se necesita más), el zumo de media lima y un toque de pimienta recién molida. Mezclamos con las manos, para no dañar el atún, y dejamos en la nevera media horita cubriendo con film osmótico.
Mientras esperamos, una cervecita, un cigarrillo quien fume y podemos ponernos con el aguacate. Lo pelamos y cortamos en dados y lo bañamos con el zumo de la media lima que nos queda para que no se oxide y se ponga feísimo. Su pizca de sal y pimienta y lo vamos disponiendo en la base de la arandela que nos ayudará a presentar nuestro manjar. Por cierto, ¿había vida antes de estas arandelas? No sé cuantas modas me quedan por conocer en lo que me resta de tiempo! Ya ha pasado la media horita, de modo que sacamos de la nevera nuestro atún y le escurrimos el caldo que haya soltado (bastante). Ya escurrido, lo mezclamos, de nuevo con nuestras manitas, con las semillas de sésamo (que no aportan gran cosa, pero hacen bonito) y lo disponemos encima del aguacate. 
Un plato de primera, os lo prometo, aunque sigo haciendo las peores fotos del mundo y cualquiera lo diría si tuvieran que ser la prueba de lo rico que me quedó...
Lo marido con El contexto de Sciascia por dos razones:
La primera porque el título me viene al pelo, ya que sin el contexto del concurso, yo no me habría decidido, probablemente, a preparar este plato que, por otra parte, siempre ha sido una debilidad mía. La segunda y más importante, porque lo compré ayer en una librería de viejo y lo tenía tan a mano... 

viernes, 5 de septiembre de 2014

Ensaladilla de Gambas

Gambas... gambas frescas, gambas blancas, la sal gorda... sabor único.
Hoy os traigo mi ensaladilla de gambas. Siempre que hago ensaladilla de gambas es porque anteriormente dos o tres días antes me he acordado de un bar de Sevilla, que ponían la ensaladilla de gambas en forma de bolas de helado y a mi me encantaba... y sobre todo lo riquísima que sabía. Dicho Bar se llama Rafael Ruiz regentado por un matrimonio joven y agradable. Recuerdo que todo estaba bueno a mi parecer.


En la foto os he querido poner tres gambitas para deciros, que si las compráis frescas y las cocéis la ensaladilla ganara mucho más que si usamos las ya cocidas o congeladas.
Yo utilicé tres patatas hermosas, que pelé y cocí ya cortada en daditos, hasta que se pusieron tiernas. Para saber si están tiernas las pincho con un tenedor y cuando el dadito que he seleccionado se parte en dos es que están en su punto. Mientras que mis patatas se cocían, me puse a pelar las gambitas que antes había cocido y las pique en dos o tres trocitos dependiendo del tamaño de la gamba. Pique muy mucho un poco de cebolla, en este caso morada porque últimamente salen mas dulces que las blancas. Pelé dos huevos duros y los piqué en trozos pequeñitos. Como las patatas ya estaban, las añadí en el bol  con todos estos ingredientes, añadí un poco de sal fina y por último mezclé con la maravilla mayonesa que prepara siempre Fran. Montse, hombre pon la receta de la mayonesa!!!
Y por último puse a enfriar...habéis visto que sencillo... animaros a hacerla me lo agradeceréis!!