miércoles, 18 de febrero de 2015

Ensalada de col lombarda y cuando fui Laura.

El primer trabajo que tuve en la que para la Seguridad Social es mi vida real fue de tele operadora. En mi vida mental y onírica he tenido otros muchos, casi siempre mejores que los de verdad, pero esos no cuentan, por lo visto. Sí, yo era una de esas personas que llamaba por teléfono a otros seres humanos para molestar. A día de hoy les cuelgo sin miramientos y, si tengo un mal día, hasta les hablo con un tono muy feo. Hay gente que se dulcifica con la edad; yo no. Yo exploto si encuentro una mecha medio qué y pienso ir a peor. Luego me acuerdo de mis comienzos laborales y me arrepiento y fustigo sola, claro. Pero no aprendo: me vuelven a llamar y la vuelvo a liar.


Os estoy hablando del año 1990, el mundo era más inocente y yo casi una niña. En los comienzos del tele márketing la gente reaccionaba bastante bien a nuestro incordio. Éramos ochenta y cuatro operadoras contratadas para una campaña de seis meses del Banco Santander, trabajábamos en una nave/semisótano muy cerca del hospital Virgen del Rocío, en Sevilla, y todas, las ochenta y cuatro, nos llamábamos Laura Martin. No es que fuera casualidad, era mentira.
- Hola, buenos días, soy Laura Martín y llamo del Banco Santander. ¿Puedo hablar con XXX?
Esa era la primera línea de nuestro argumentario, que luego se convertía en un arquero francotirador, como todos los argumentarios. Entrábamos a trabajar a las seis y media de la mañana, noche cerrada todavía, y aún recuerdo el frío en los huesos de aquellas jornadas como si fuese hoy. Puede que no lo creáis, pero aunque había almas más desabridas que otras, nadie nos mandaba a ningún sitio maloliente por llamar a las seis y media de la mañana. Al contrario, se notaba cómo se quitaban las legañas, se esforzaban por entender los cuatro téminos financieros que nos hacían soltar y hasta se disculpaban si se tenían que ir a trabajar. Seguro que nos imaginaban llamando desde un despacho y todo. Un semisótano sin caldear apenas, lleno a reventar con ochenta y cuatro Lauras Martines era impensable entonces.
Cada mañana nos cambiaban la provincia andaluza a la que debíamos llamar ese día. Al cabo de dos semanas todas rezábamos mientras duraba el trayecto en el autobús porque nos tocara Huelva (la más respetuosa con el trabajo ajeno con largueza) y llorábamos si nos tocaba Granada (ya conocéis el dicho). Las seis restantes eran casi indistinguibles en cuanto a educación o simpatía. A día de hoy le sigo agradeciendo a Huelva su emoliente humanidad de aquellos meses, en Granada no se me ha perdido nada y, si ya descubro que la de Jazztel es de Granada, entonces va a arder Roma.

Todo esto viene a que, a mediodía, disponíamos de veinte minutos para desayunar. Dadas las horas que llevábamos siendo Laura, la impostora común, lo que nos apetecía a eso de las doce era una cervecita o un refresco (en aquella época yo tomaba bitter kas, qué tiempos) y, vete a saber de dónde sería el cocinero, pero el camarero siempre nos obsequiaba con una tapa de esta ensalada de col lombarda, que será de todo menos típica de Sevilla. Así fueron pasando los días, aprendimos a cumplir con nuestro primer trabajo, a que las empresas engordan con nuestras plusvalías, a ser compañeras de curro por primera vez, a que si te manchas con la lombarda ya puedes ir tirando la prenda y hasta disfruté de una buena amiga (¿dónde estás, Maribel?) que conservé luego muchos años aunque nos perdiéramos la pista hace otros tantos y a la que no desespero de reencontrar. Llegado el momento de concluir el contrato, harta y afónica de ser Laura, pero enamorada ya irremediablemente de la col lombarda, le pedí al cocinero la receta.

Os la recomiendo porque es bonita, el morado se lleva, es fácil de hacer, se conserva bien si aliñáis toneladas (una col lombarda pequeña entera equivale a una tonelada), como guarnición está poco vista, tiene excelentes propiedades alimenticias y antioxidantes, y porque está muy rica, aunque, seamos francos, que cuesta lo mismo que no serlo; si habéis llegado hasta aquí es porque:

A. Muy mal no os caigo.
B. Eres mi madre. ¡Te he pillado, mami!
C. Estáis en tratamiento y mezcláis la medicación con alcohol y otras cosas.
D. Os interesan realmente las recetas de col lombarda.

(Si pertenecéis al grupo C, hay otros blogs de cocina muy chulos que os pueden gustar más. Que pertenezcáis al grupo D, es que no me lo creo).

Necesitamos:
Una col lombarda.
Aceite.
Vinagre.
Sal.
Azúcar.

Cortaremos en juliana la col lombarda (o sea, todo lo fina que podamos sin tropezones digitales) y pondremos una olla de agua a calentar. Cuando rompa a hervir, añadimos la col, que estará lista en unos veinte minutos si os gusta más crujiente, veinticinco si la preferís más tierna. Escurrimos y aliñamos con aceite, vinagre, sal, azúcar y la ponemos a enfriar. La misma cantidad de sal que de azúcar, ese es el único secreto. Unos piñones por encima no le hace daño tampoco.

¿Del grupo D? ¿De verdad?

11 comentarios:

  1. Opción A, será que te quiero mucho porque la lombarda no me gusta nada, jjjjjjjj un beso Laura!!

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    1. Pues está buena, ¿eh? Aunque eso sí, ni la mitad de rica que aquella que recuerdo de aquellos tiempos... ¡Un beso, faraona!

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  2. Yo tambien opción A. No he comido lombarda en mi vida y no se si estoy dispuesto a empezar, aunque las comidas con vinagre me gustan muy mucho. Me ha encantado el relato y he tenido que buscar el significado de la palabra "emoliente". Lo mío es una guerra contra los teleoperadores, me enzarzo en épicas peleas con ellos y utilizo todas las armas dialecticas de las que dispogo para fustigarlos, ahora, después de leerte, me da algo de pesar, pero creo que no desistiré en la empresa. Besos

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    1. Pues no tengas pesar, en aquella época éramos educadísimas y prudentes a más no poder. Ahora les falta sacar la mano por el teléfono e inmovilizarnos. Me acabo de acordar como si fuera ayer del pudor y estupefacción vicario que todas vivimos con una llamada de mi amiga Maribel:
      - Buenos días, soy Laura Martín y la llamo del Banco Santander...
      - ¡Y una m..., tú eres la guarra que lleva diez años con mi marido y encima me llamas pa cachondearte y darme por c...!
      Y después de decirle de todo menos preciosa y no dejarla hablar, se echó a llorar y colgó. Pobre Maribel, hasta responsable se sentía del sofocón de la señora.
      Gracias siempre y un abrazo.

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  3. Yo no voy a decir que vengo por el grupo A, porque me repetiría más que la lombarda en cuestión.. Voy a decir que he llegado aquí porque soy futura candidata al grupo C,

    Acabo de descubrir vuestro blog, por un comentario que Belén dejó en el mío. Y me he tomado la molestia de buscarlo, por dos razones. Bueno, por tres:

    A: Ya casi nadie es tan romántico, como para dejar sus comentarios hilvanados a un post.
    B: No me dejaste ni el nombre, ni el link de vuestro blog, cosa que me pareció muy elegante teniendo en cuenta a todos los "invasores" que dejan comentarios estúpidos para meter con calzador un link a su propio blog.
    C: Porque el comentario en sí, era agradable, positivo y simpático y reflejaba que la persona que lo hacía, también lo era

    Y dicho lo anterior, me encantó la historieta que acompaña a esta lombarda...Y estoy ojeando y leyendo alguna más que me está encantando. Belén, eres todo un descubrimiento...Y si como tú bien dices en la historia del huevo frito pertecto, cuidaseis un poquito más las fotos y la imagen, ya, ni te cuento...

    Un besiño y nos vemos...o, por lo menos, nos leemos..,

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    1. ¡Cuántos piropos, rubia! Me has alegrado el día. Qué digo el día: la semana. Qué digo la semana: me has alegrado febrero. Nos hace mucha ilusión que te guste nuestro blog. Viniendo del tuyo, es un privilegio. Si quienes lleguen hasta aquí aún no te conocen, que pinchen, que pinchen y verán. Y que no se pierdan tus post más antiguos, cuando tenías más tiempo de deleitarnos con tus procederes aproximativamente más autobiográficos. En mí tienes una fan de las grandes. Un beso, Carmen.

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    2. Más piropos me has echao tu a mí...!! Gracias, Belén!!

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  4. Buena receta, Laura - digo, Belén -.
    Cumplo los criterios A y D. Ya sabes que soy una auténtica fan de vuestro blog, aunque por causas ajenas a mi voluntad, he tenido que estar ausente del mundillo ciberespacial un par de meses.
    Precisamente hoy mismo, al volver a casa y abrir el buzón de correos, me he encontrado varias cartas de mi Banco (lo que nos quieren, criaturitas) que desde que existen los móviles, las redes sociales y todo esto, ya nadie escribe por el método tradicional. Menos los Bancos, que están siempre ahí erre que erre. Pues el lema de mi Banco es 'queremos ser tu Banco? y casi que me cabreo: 'ya sois mi Banco, imbéciles'.
    Y es que desde el año 1990, las cosas han cambiado mucho, ahora no aguantamos tanto rollo de los bancos que siempre llaman a la hora de comer, de la siesta, o de cenar. Qué pechá.
    Respecto a la lombarda, me encanta y como sabes, los frutos secos le vienen de maravilla, tienes que probarla con nueces.
    Muchos besitos.

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  5. ¡Los bancos! Los mismos que te preguntan en el cajero que si de verdad quieres un mísero justificante de papel casi transparente, que si de verdad estás segura de querer cargarte el medio ambiente y luego te escriben a casa con unos folletos de cartoné deluxe que parece que se han cargado un árbol para tí sola. ¡Me alegro que estés de vuelta ya en tu blog! Te echaba de menos tela. Un beso y gracias por comentar, guapísima.

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