miércoles, 4 de febrero de 2015

Sopa alpujarreña de pollo y alcachofas con andrajos.

Aquí va otro póker de ases de mi cocina al que tampoco le hace justicia la foto. Si lo probáis (aunque tengáis que sustituir los andrajos) me daréis la razón. Ideal para estos meses gélidos, resucita a un lacio y, si no lo resucita, es que estaba muerto. Estoy muy orgullosa de esta receta porque, reuniendo éxitos por separados de aquí y de allá, es puro engendro de mi imaginación.
La receta de hoy lleva pollo y alcachofas, pero también la he hecho con rape, gambas y almejas y el resultado es, si cabe, aún más espectacular. Tanto que habría sido cosa de gente muy fría, calma, calculadora y racional la idea de hacer fotos en vez de lanzarnos al ataque.




Vamos a necesitar:

Un litro de caldo de verduras hecho por vosotros mismos con cariño o, al menos, interés. Podéis tirar de tetrabrick, pero preferiría no enterarme.

Una pechuga de pollo grande. Si sobra guiso mejor; gana de un día para otro.

Un bote de conserva de corazones de alcachofitas. No seáis mirados en esto; la calidad se nota y mucho.

Andrajos. Aquí conviene tener amigos o parientes por Jaén o la Mancha. Y mimarlos. Un paquete vale su peso en oro y sólo cuesta unos cincuenta céntimos, pero es imposible localizarlos fuera de sus fronteras (lo que me encanta; la globalización me da tanto miedo como tedio). No voy a explicar lo que son los andrajos; me da una pereza enorme e internet lo hace mucho mejor que yo.

Un buen puñado de almendras crudas.

Cuatro o cinco dientes de ajos.

Sal.

Pimienta negra.

Aceite.

Ponemos en la olla un fondo de aceite y, una vez caliente, sellamos y salteamos los dados de pollo que previamente habremos lavado, secado, retirado cualquier vestigio de grasa, salpimentado y cortado en dados ni salvajes ni ridículos. En otra sartén pequeña, mientras tanto, vamos a freír sólo un poquito los dientes de ajo y las almendras, y ya podemos añadir el caldo de verduras al pollo, reservando un poco, ahora os diré para qué, qué sois unas ansias vivas. Pasamos a la batidora de vaso los ajos, las almendras  y el caldo de verduras que habíamos reservado y batimos. Si la almendra no queda muy fina, sino que se aprecian algunos trozos al masticar, mejor. A mí me va bien con dos padrenuestros sin correr.




Mejorar, ennoblecer, distinguir, bla, bla, bla, cualquier caldo de invierno (ya sea de verduras, de pollo o de pescado y marisco), con esta picada de almendras y ajo, es lo que yo llamo hacer una sopa alpujarreña. Si estoy equivocada y me lo he inventado, lo ignoro, pero ya nadie va a conseguir que la llame de otro modo. Sopa alpujarreña: sólo decir o pensar su nombre calienta, consuela y reconforta. ¿O no?



Ya podemos añadir nuestra picada a la olla así como los corazones de alcachofa escurridos y sólo queda hacer tiempo con una cervecita. Cuando el pollo esté casi, casi, será el momento de añadir los andrajos. Si no los encontráis, os aconsejo sustituirlo por sopones de pan cateto del día anterior o del otro. Nosotros descubrimos los andrajos en una escapada a Baeza y, este verano, Mercedes Marx me consiguió algunos paquetes en Cazorla que dosifico como el paciente inglés sus dosis de morfina. Aunque la verdad es que no recuerdo la película: ¿la dosificaba o la despilfarraba? Bueno, yo le he hecho un seguro a mis andrajos, con eso lo digo todo.

Un puñado por comensal sin que os importe que sobren, porque también aguantan muy bien de un día para otro. Rectificamos de sal de encontrarlo necesario y los dejamos hacerse. El tiempo de cocción no lo controlo muy bien porque suelo estar a mis cosas. Se va removiendo el guiso y se nota a la vista cuando están tiernos. Yo diría que unos diez minutos.




En serio, esta receta es una pasada. Si no os hacen la ola vuestros comensales, será porque algo malo habréis hecho y no va a ser tan fácil arreglarlo. Para preparar la versión marinera que os he dicho antes, sólo tenéis que cambiar los ingredientes y utilizar un caldo de marisco o pescado hecho por vosotros mismos con amor o disciplina, lo que tengáis ese día. Que la vida es muy larga y hay tiempo para todo. Para hacer caldos también.




5 comentarios:

  1. Tengo que decir que efectivamente las fotos no le hacen honor al plato, una pena porque esta sopa está de muerte, mmmmm Besitos!

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  2. Muerte andrajosa. ¡Qué cosa más güena! Un besito, mía.

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  3. El nombrecito tiene castaña, "ANDRAJOS", no te retrotrae precisamente a una exquisitez culinaria que digamos. Para estos gélidos días que se avecinan un buen plato calentito tiene que resucitar a un muerto o a punto de morir. Como supongo que los dichosos andrajos seran dificilisimos de conseguir la haré una de estas noches con rebanadas de pan duro del día anterior, como hacía mi madre las sopas de toda la vida del mundo.
    Más que la receta, que me gusta tela, me gusta esa prosa canalla que usas. Besazos Belen y contento de tenerte de vuelta al redil de los blogueros coñazos, pero, digo, yo, el que no quiera que no nos lea y punto.

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    1. Pues sí, el nombrecito tiene tela, pero son un hallazgo: cogen el sabor de un guiso mucho mejor que, por ejemplo, unos fideos y no se deshacen como las rebanadas de pan duro. Hasta que me aprendí el nombre los llamaba miserias, rescoldos o remiendos, pero nunca me salía andrajos.
      Muchas gracias por tu llamada al orden; ya ves que somos dormilonas, pero respondemos bien al primer toque de corneta. Por cierto, una preguntita, ¿me acabas de llamar bloguera coñazo con mucha educación, verdad? Ja, ja, ja. Un abrazo.

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    2. Lo de bloguero coñazo es un apelativo que cariñosamente me aplica un compañero de fatigas en el isntituto; me reclama que cuando suba una receta o hable de un bar me deje de parafernalias varias y vaya directamente al grano: nombre, ingredientes y preparación. "Lo bueno si breve dos veces bueno" como decía el soso de Baltasar Gracián poniéndose del lado de los conceptistas en contra de los culteranos en la hermosa pelea del siglo de oro entre Gongora y Quevedo. Mi amigo lo resume de esta manera: nada de introducción, historias paralelas ni zarandajos varios y yo, socarronamente, de digo que sí, que para él la perra gorda, que hasta para contar la más humilde de las recetas hay que ponerle algo de chicha, de salsa literaria, de vida.
      Por eso, porque cuando leo tus recetas y las veo llenas de granos de frescor, de metáforas y requiebros, te he añadido a mi particular club de blogueros coñazos. Pero bueno siempre estas a tiempo de darte de baja, aunque a mí no me gustaría, no sería lo mismo .....
      Besazos mañaneros para que tengas un radiante día.

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