jueves, 19 de febrero de 2015

Merluza en Salsa

Vamos a preparar una rica merluza,siempre que intento prepararla nunca me ha quedado tan rica como esta. Os cuento...

6 filetes de merluza.
un poco de cebolla fresca.
aceite, ajo, perejil (todo bien picado)
un vaso de vino blanco.
un vaso de caldo de pescado.
unos 150 g de almejas, ya abiertas.
sal.
aceite.
media cuchara de maizena.


Pues vamos a prepararlo:
en una olla ponemos la cebolla fresca con aceite, cuando empiece a dorar le añadimos el majado de ajo, perejil y aceite. En muy poco tiempo echamos el vaso de vino, y el de pescado y media cuchara de maizena.  A continuación, movemos y ponemos el pescado y las almejas en la salsa, una pizca de sal y dejamos coser 5 minutos. Como último toque le puse unas gotas de limón.

Estaba muy rico, pero mejor que contároslo es mejor que probéis vosotros mismos. Saludos a todos los que nos leen y les servimos de ayuda.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Ensalada de col lombarda y cuando fui Laura.

El primer trabajo que tuve en la que para la Seguridad Social es mi vida real fue de tele operadora. En mi vida mental y onírica he tenido otros muchos, casi siempre mejores que los de verdad, pero esos no cuentan, por lo visto. Sí, yo era una de esas personas que llamaba por teléfono a otros seres humanos para molestar. A día de hoy les cuelgo sin miramientos y, si tengo un mal día, hasta les hablo con un tono muy feo. Hay gente que se dulcifica con la edad; yo no. Yo exploto si encuentro una mecha medio qué y pienso ir a peor. Luego me acuerdo de mis comienzos laborales y me arrepiento y fustigo sola, claro. Pero no aprendo: me vuelven a llamar y la vuelvo a liar.


Os estoy hablando del año 1990, el mundo era más inocente y yo casi una niña. En los comienzos del tele márketing la gente reaccionaba bastante bien a nuestro incordio. Éramos ochenta y cuatro operadoras contratadas para una campaña de seis meses del Banco Santander, trabajábamos en una nave/semisótano muy cerca del hospital Virgen del Rocío, en Sevilla, y todas, las ochenta y cuatro, nos llamábamos Laura Martin. No es que fuera casualidad, era mentira.
- Hola, buenos días, soy Laura Martín y llamo del Banco Santander. ¿Puedo hablar con XXX?
Esa era la primera línea de nuestro argumentario, que luego se convertía en un arquero francotirador, como todos los argumentarios. Entrábamos a trabajar a las seis y media de la mañana, noche cerrada todavía, y aún recuerdo el frío en los huesos de aquellas jornadas como si fuese hoy. Puede que no lo creáis, pero aunque había almas más desabridas que otras, nadie nos mandaba a ningún sitio maloliente por llamar a las seis y media de la mañana. Al contrario, se notaba cómo se quitaban las legañas, se esforzaban por entender los cuatro téminos financieros que nos hacían soltar y hasta se disculpaban si se tenían que ir a trabajar. Seguro que nos imaginaban llamando desde un despacho y todo. Un semisótano sin caldear apenas, lleno a reventar con ochenta y cuatro Lauras Martines era impensable entonces.
Cada mañana nos cambiaban la provincia andaluza a la que debíamos llamar ese día. Al cabo de dos semanas todas rezábamos mientras duraba el trayecto en el autobús porque nos tocara Huelva (la más respetuosa con el trabajo ajeno con largueza) y llorábamos si nos tocaba Granada (ya conocéis el dicho). Las seis restantes eran casi indistinguibles en cuanto a educación o simpatía. A día de hoy le sigo agradeciendo a Huelva su emoliente humanidad de aquellos meses, en Granada no se me ha perdido nada y, si ya descubro que la de Jazztel es de Granada, entonces va a arder Roma.

Todo esto viene a que, a mediodía, disponíamos de veinte minutos para desayunar. Dadas las horas que llevábamos siendo Laura, la impostora común, lo que nos apetecía a eso de las doce era una cervecita o un refresco (en aquella época yo tomaba bitter kas, qué tiempos) y, vete a saber de dónde sería el cocinero, pero el camarero siempre nos obsequiaba con una tapa de esta ensalada de col lombarda, que será de todo menos típica de Sevilla. Así fueron pasando los días, aprendimos a cumplir con nuestro primer trabajo, a que las empresas engordan con nuestras plusvalías, a ser compañeras de curro por primera vez, a que si te manchas con la lombarda ya puedes ir tirando la prenda y hasta disfruté de una buena amiga (¿dónde estás, Maribel?) que conservé luego muchos años aunque nos perdiéramos la pista hace otros tantos y a la que no desespero de reencontrar. Llegado el momento de concluir el contrato, harta y afónica de ser Laura, pero enamorada ya irremediablemente de la col lombarda, le pedí al cocinero la receta.

Os la recomiendo porque es bonita, el morado se lleva, es fácil de hacer, se conserva bien si aliñáis toneladas (una col lombarda pequeña entera equivale a una tonelada), como guarnición está poco vista, tiene excelentes propiedades alimenticias y antioxidantes, y porque está muy rica, aunque, seamos francos, que cuesta lo mismo que no serlo; si habéis llegado hasta aquí es porque:

A. Muy mal no os caigo.
B. Eres mi madre. ¡Te he pillado, mami!
C. Estáis en tratamiento y mezcláis la medicación con alcohol y otras cosas.
D. Os interesan realmente las recetas de col lombarda.

(Si pertenecéis al grupo C, hay otros blogs de cocina muy chulos que os pueden gustar más. Que pertenezcáis al grupo D, es que no me lo creo).

Necesitamos:
Una col lombarda.
Aceite.
Vinagre.
Sal.
Azúcar.

Cortaremos en juliana la col lombarda (o sea, todo lo fina que podamos sin tropezones digitales) y pondremos una olla de agua a calentar. Cuando rompa a hervir, añadimos la col, que estará lista en unos veinte minutos si os gusta más crujiente, veinticinco si la preferís más tierna. Escurrimos y aliñamos con aceite, vinagre, sal, azúcar y la ponemos a enfriar. La misma cantidad de sal que de azúcar, ese es el único secreto. Unos piñones por encima no le hace daño tampoco.

¿Del grupo D? ¿De verdad?

lunes, 16 de febrero de 2015

COLIFLOR FRITA


Ésta es otra receta típica marchenera que no se nos puede quedar atrás. Me consta que en todas nuestras casas la hacemos mucho, así que ya estaba faltando en este recetario familiar.


Para cuatro personas necesitaremos una coliflor, 5 ó 6 ajitos troceados, aceite, sal, pimienta blanca molida, vinagre, pimentón dulce de la Vera y cuatro huevos.

Para empezar cocemos la coliflor en una olla con agua y sal.


 En una sartén grande ponemos un buen chorreón de aceite y echamos los ajitos troceados.


Freímos la coliflor añadiéndole sal, pimienta, un buen chorreón de vinagre y una cucharadita y media de pimentón dulce de la Vera.


Finalmente, batimos los huevos con un pelín de sal y rehogamos con la coliflor.
Así de fácil, ¡listo!



viernes, 13 de febrero de 2015

LENTEJAS


Hoy vengo con otro guisito de los de toda la vida y que seguro que tod@s sabéis hacer, unas buenas "lentejas". Y dedico esta receta, con cariño, y sin acritud, a mi hermana Mercedes y a mi cuñado Juanma. A mi hermana porque sí, porque yo sé que hace unas lentejas estupendas aunque su marido no se lo reconozca. Y a mi cuñado, para que vaya metiéndose él mismo en la cocina y se ponga a hacerlas, que vaya cachondeito nos traemos con las lentejas de Mercedes... 

Hacer lentejas es fácil, aunque también lleva su protocolo. Y a mi lo que me gusta es que cuando hay lentejas es lo 
que toca, ya sabes:"si quieres las comes, y si no, las dejas"  


Juanma, toma nota:

Ingredientes:
1 tomate, 1 pimiento, media cebolla, 2 dientes de ajo, 1 patata, 1 zanahoria, lentejas pardinas, 1 hojita de laurel, sal, aceite y un trocito de tocino de haber cortado jamón.

Para empezar lo ponemos todo en la cacerola, el pimiento, el tomate, la cebolla, los ajos, la patata chascada en trocitos, la zanahoria cortada en rodajas, la hojita de laurel, las lentejas (dos puñaditos por persona), el chorizo y la morcilla cortado a trocitos, cubrimos de agua, un chorreoncito de aceite y sal. 

A mi me gusta ponerle también un trozo de tocino del que suelo retirar cuando corto jamón. Ya sabéis que hay partes del jamón que traen mucho tocino. Yo suelo  guardar estos trozos para guisos y el toquecito que le da en concreto a las lentejas es de lo mejor.

Cuando cubrimos la olla con agua no hace falta que la llenemos hasta arriba, las lentejas hay que hacerlas a fuego medio/bajo, meneando la cacerola  suavemente de vez en cuando y añadiendo agua poco a poco según se vaya consumiendo.
Las lentejas pardinas se hacen en muy poco tiempo, yo en media hora tengo hecho el guiso.

El resultado, siempre, son unas buenas lentejas.


miércoles, 4 de febrero de 2015

Sopa alpujarreña de pollo y alcachofas con andrajos.

Aquí va otro póker de ases de mi cocina al que tampoco le hace justicia la foto. Si lo probáis (aunque tengáis que sustituir los andrajos) me daréis la razón. Ideal para estos meses gélidos, resucita a un lacio y, si no lo resucita, es que estaba muerto. Estoy muy orgullosa de esta receta porque, reuniendo éxitos por separados de aquí y de allá, es puro engendro de mi imaginación.
La receta de hoy lleva pollo y alcachofas, pero también la he hecho con rape, gambas y almejas y el resultado es, si cabe, aún más espectacular. Tanto que habría sido cosa de gente muy fría, calma, calculadora y racional la idea de hacer fotos en vez de lanzarnos al ataque.




Vamos a necesitar:

Un litro de caldo de verduras hecho por vosotros mismos con cariño o, al menos, interés. Podéis tirar de tetrabrick, pero preferiría no enterarme.

Una pechuga de pollo grande. Si sobra guiso mejor; gana de un día para otro.

Un bote de conserva de corazones de alcachofitas. No seáis mirados en esto; la calidad se nota y mucho.

Andrajos. Aquí conviene tener amigos o parientes por Jaén o la Mancha. Y mimarlos. Un paquete vale su peso en oro y sólo cuesta unos cincuenta céntimos, pero es imposible localizarlos fuera de sus fronteras (lo que me encanta; la globalización me da tanto miedo como tedio). No voy a explicar lo que son los andrajos; me da una pereza enorme e internet lo hace mucho mejor que yo.

Un buen puñado de almendras crudas.

Cuatro o cinco dientes de ajos.

Sal.

Pimienta negra.

Aceite.

Ponemos en la olla un fondo de aceite y, una vez caliente, sellamos y salteamos los dados de pollo que previamente habremos lavado, secado, retirado cualquier vestigio de grasa, salpimentado y cortado en dados ni salvajes ni ridículos. En otra sartén pequeña, mientras tanto, vamos a freír sólo un poquito los dientes de ajo y las almendras, y ya podemos añadir el caldo de verduras al pollo, reservando un poco, ahora os diré para qué, qué sois unas ansias vivas. Pasamos a la batidora de vaso los ajos, las almendras  y el caldo de verduras que habíamos reservado y batimos. Si la almendra no queda muy fina, sino que se aprecian algunos trozos al masticar, mejor. A mí me va bien con dos padrenuestros sin correr.




Mejorar, ennoblecer, distinguir, bla, bla, bla, cualquier caldo de invierno (ya sea de verduras, de pollo o de pescado y marisco), con esta picada de almendras y ajo, es lo que yo llamo hacer una sopa alpujarreña. Si estoy equivocada y me lo he inventado, lo ignoro, pero ya nadie va a conseguir que la llame de otro modo. Sopa alpujarreña: sólo decir o pensar su nombre calienta, consuela y reconforta. ¿O no?



Ya podemos añadir nuestra picada a la olla así como los corazones de alcachofa escurridos y sólo queda hacer tiempo con una cervecita. Cuando el pollo esté casi, casi, será el momento de añadir los andrajos. Si no los encontráis, os aconsejo sustituirlo por sopones de pan cateto del día anterior o del otro. Nosotros descubrimos los andrajos en una escapada a Baeza y, este verano, Mercedes Marx me consiguió algunos paquetes en Cazorla que dosifico como el paciente inglés sus dosis de morfina. Aunque la verdad es que no recuerdo la película: ¿la dosificaba o la despilfarraba? Bueno, yo le he hecho un seguro a mis andrajos, con eso lo digo todo.

Un puñado por comensal sin que os importe que sobren, porque también aguantan muy bien de un día para otro. Rectificamos de sal de encontrarlo necesario y los dejamos hacerse. El tiempo de cocción no lo controlo muy bien porque suelo estar a mis cosas. Se va removiendo el guiso y se nota a la vista cuando están tiernos. Yo diría que unos diez minutos.




En serio, esta receta es una pasada. Si no os hacen la ola vuestros comensales, será porque algo malo habréis hecho y no va a ser tan fácil arreglarlo. Para preparar la versión marinera que os he dicho antes, sólo tenéis que cambiar los ingredientes y utilizar un caldo de marisco o pescado hecho por vosotros mismos con amor o disciplina, lo que tengáis ese día. Que la vida es muy larga y hay tiempo para todo. Para hacer caldos también.




martes, 3 de febrero de 2015

Bizcocho con Manzana

Hoy os voy a endulzar un poco la vida. Un bizcocho hecho con mantequilla y no con aceite. Atentos... a ver si os gusta!!

Ingredientes:
-125g de margarina Tulipán.
-100g de Azúcar.
-2huevos (separar las claras de las yemas).
-170g de harina.
-un sobre de levadura.
-1chorreón de esencia de vainilla.
-1 manzana, yo utilice una roja. (cortada en gajos y echada en agua con limón para que no se nos ponga feucha).
-Azúcar, harina, mantequilla, para el molde.
-Mermelada de melocotón.


Para hacerlo, mezclamos todos los ingredientes en un bol menos las claras. Cuando lo tenemos todos bien mezclado le añadimos las claras a punto de nieve y removemos bien hasta que este todo mezclado.
Preparamos el molde con mantequilla y harina y ponemos nuestra masa. A Continuación ponemos la manzana por encima y le echamos azúcar(muy poca).
Lo ponemos en el horno a 180 grados creo que unos 20 minutos, mi técnica es pincharlo y ver que la manzana este dorada uniformemente.
Una vez sacado del horno y desmoldado le ponemos el almíbar de melocotón. En un vaso, un poco de agua donde diluimos un poco de mermelada de melocotón. Y pintamos todo el bizcocho empapando bien la manzana.

A mi me supo a poco... la opinión de Fran es que prefiere el bizcocho con aceite y no con mantequilla... vosotros ya me diréis.
Besos.
 
La foto última no esta muy bien, ni muy presentable, pero es para que veáis como queda por dentro el bizcocho.

Papa con Costillas

Pues si, dos de mis recetas que tenia por poner era Papas con costilla y otra era el Puchero. jiji imagínate Montse cuando he visto el blog. 
El puchero no lo voy a poner, pero esta si. 
Ingredientes:
500g de costillas de cerdos. Las bandeja que venden en el Aldi, llevan mas carne que grasa. 
Cebolla, pimiento, tomate, aceite y sal ( con estos ingredientes hacemos un sofrito).
hoja de laurel.
un vaso de vino blanco.
azafrán.
pimentón de la vera.

Pues es super sencillo... doramos las costillas en la olla express, añadimos el sofrito batido, el vasito de vino,la hoja de laurel, echamos el azafran y el pimentón y un poco de sal. Cubrimos de agua y cerramos nuestra olla y dejamos que se haga unos 25 min a partir de que pite. 
Pasado este tiempo abrimos, y añadimos las patatas. Cerramos y en 5 minutos tenemos las patatas hechas. 

El trapo de cocina, lo guarde la semana pasada para las próximas navidades... es que me gusta mucho y hasta Febrero no lo guardo...




El huevo frito perfecto

De existir una cárcel para quienes más que hacer fotos las perpetramos, ahí tendría que sufrir condena hasta aprender a hacerlas quien yo me sé y quien esto firma. No las miréis más de dos segundos, por favor, olvidadlas si podéis, pero creedme: esta receta es para que me perdonéis la desidia de los últimos tiempos. Lo merece. Y yo también.


Punto 1: La memoria. El olvido. Los neurocientíficos y yo no sabemos aún gran cosa sobre la naturaleza de estos dos opuestos y lo poco que sabemos es ficción. Por ir haciendo bibliografía, más que nada. ¿Cómo funcionan? ¿Por qué? Quisiéramos preservar de la amnesia tantos recuerdos, datos o sucesos... Pero no depende de nosotros. En cambio, la cosa más absurda, más trivial, puede defenderse por sí sola de las llamas del olvido sin razón aparente. Importante o fútil, da igual. Una parte de lo vivido y aprendido para olvidar, otra para guardar. Y ya está, sin razón ni motivo; tan eximente como cruel.

Punto 2: Debía tener nueve o diez años cuando vi a Concha Velasco con Elena Santonja en aquel programa que se llamaba Con las manos en la masa. Concha hizo estos huevos fritos y yo nunca los olvidé. ¿Porqué? Enigma. Misterio. Llevo más de treinta años pensando, alguna que otra vez, en estos huevos fritos. Si lo pienso detenidamente me da tanta risa como escalofríos. 

Punto 3: Por fin, este invierno, me atreví con ellos. ¿Que si mereció la pena? De sobras, ya lo creo.

Punto 4: Los humildísimos ingredientes.
Una rebanada de pan del día anterior por comensal. 
Una yema de huevo por comensal.
La clara de un huevo da para tres comensales.
Aceite de oliva.
No le pongo ni sal. Con eso lo digo todo.

Punto 5: Procedimiento.
Cortamos una rebanada de pan como de dos dedos por comensal. Dos dedos delicados y finos, se entiende. Retiramos del centro la miga para hacer un hoyito que dé cobijo a la yema, no mayor. Separamos las yemas de las claras y las vamos depositando con cariño en el hoyito del pan. Ya he dicho antes que con una clara tendremos para tres huevos. Con el resto, vosotros mismos (creo que mezcladas con no sé qué se hacen unas mascarillas faciales estupendas). Ahora viene lo más tedioso si vuestras varillas de montar no son eléctricas, como no lo es la mía. Montamos la clara a punto de nieve hasta que nos parezca que el brazo no es nuestro. O que sí lo es, pero nos gustaría malvenderlo. Hay un momento que parece que no subirá, pero es falta de fe; subir siempre sube. Con una cuchara cubrimos la superficie de las rebanadas con la clara y esperamos a tener el aceite bien caliente para freirlas de una en una. Con la ayuda de una cuchara vamos cogiendo aceite de la sartén y lo vamos vertiendo sobre la clara. Veréis qué bonito. 



Punto 6: Servir, disfrutar, aceptar los aplausos. Se merecen. El sabor de la yema íntegro, íntegra su cantidad, ni un ápice se cuece ni se pierde. Comer por primera vez la clara, el triunfo de la clara, esa otrora tontorrona. El pan frito de la infancia, ese dios. Huevo frito perfecto, prodigioso, el huevo frito de los milagros, a nuestra edad. 

Punto 7: Se marida con un buen vino. Hoy no se lee. No hace falta.


Esto no es arroz tres delicias



Y qué. Si no os ponéis legitimistas, ni académicos palancas, ni puristas de la China verdadera, os va a gustar si os gusta el arroz tres delicias que, dicho sea de paso, a mí, ni fu, ni fa. Este que a veces hago sale riquísimo, cosa que no podréis intuir si os tenéis que fiar de la foto que, por no hacer mudanza en mi costumbre, es de penita pena. Pero ya lo dijo Shirley McLaine en El apartamento: ¡año nuevo, vida vieja!



Pues eso, que vamos a necesitar:
Dos puñados muy generosos de arroz por comensal (de verdad, que sabe a poco).
Un bote de conserva de ensalada china. Según la marca se puede llamar incluso ensalada Mediterránea. El caso es que lleve: brotes de soja, maíz dulce y zanahoria rallada.
Un huevo por comensal.
Bacon. 
No lleva guisantes. Punto.
Sal y pimienta.
Un chorreón de aceite.

Ponemos a cocer el arroz en agua salada y, mientras, vamos cocinando el resto. En una sartén grande ponemos a calentar un buen chorreón de aceite de oliva y doramos en él el bacon cortado en tiras. Lo venden ya así, pero a mí me gusta cortarlo yo (no hernia) y, si elegís un buen bacon, se notará. Cuando empiece a dorarse añadimos, tras escurrirla, la zanahoria, la soja y el maíz. La cantidad que queráis; yo pongo casi igual que de bacon. Cuando el arroz esté al dente (ojito: al dente) lo escurrimos y añadimos a la sartén. Tras freirlo y mezclarlo con el bacon y la verdura unos segundos (un padrenuestro muy rápido) y teniendo el fuego ni alto ni bajo, cascamos encima los huevos. Una pizca de pimienta y sal y rompemos las yemas con una paleta de madera, removiendo hasta que estén cuajados pero no secos. Y ya está, si es que es una tontería.

Lo marido con Bajo los vientos de Neptuno, que es mi novela favorita de Fred Vargas, porque sí. Si no os apetece mucho leer a alguien que parece escribir cuando está hasta arriba de absenta, no tiréis vuestro dinero. A mí me gusta muchísimo más que quienes escriben hasta arriba de café con leche descafeinado de sobre: lúcida, divertida, poderosa, brillante, auténtica, maravillosa Vargas. Es mi amiga. Aunque ella no lo sepa.

P.S.: Perdón por la pereza en publicar. Sin excusas. Aunque ignoro si volverá a ocurrir. Espero que no.

domingo, 1 de febrero de 2015

PUCHERO


Ayer pasó mi hermana Rosalía por casa y resulta que ella nunca ha preparado un puchero. Hay recetas que nos parecen tan básicas y clásicas que nunca se nos ocurre compartirlas. Pues para ella y para todos, ahí va esta receta que como bien dice mi hijo exageradamente hablando "comemos en casa todas las semanas" (según él hasta tres o cuatro veces).


Ingredientes:
1 jarrete de cerdo o un trozo de jarrete de ternera, 2 muslos de pollo con su contramuslo, un trozo de tocino fresco, 1 hueso blanco de caña, 1 trozo de rancio o costilla salada, 1 patata, 1 zanahoria, y si os gusta, se puede añadir al caldo: puerro, nabo y apio. A mi personalmente me gusta poner un poco de todo.


En cuanto a la carne, a mi me gusta hacer el puchero con pollo y jarrete de cerdo. El día que no encuentro jarrete, le pongo un par o tres de piezas de carrillera. Y el pollo a veces lo cambio por un par de muslos de pavo. Si os gusta la ternera también le va.

De entre los huesos salados yo me decanto por el hueso de caña o canilla blanco y la costilla salada. Estos huesos los lavo antes para quitarles el exceso de sal. prefiero tener que añadir algo de sal al final, que nunca ocurre, que tener que tirar el puchero porque salga salado.

Y de las verduras, siempre pongo 1 patata, 1 zanahoria grande cortada en tres trozos y un puerro, el resto ya, depende del día y de lo que tenga en la nevera.


Mi olla express es de tamaño grande y suelo hacer puchero para varios días, si la vuestra es de las pequeñas, poned menos cantidad de cada cosa, y con un hueso es suficiente.

Se pone todo en crudo en la olla express o rápida, la carne, el tocino, los huesos y las verduras. Algunas personas le ponen también una pastilla de caldo de verdura o pollo, ésto ya va según el gusto.
Cubrimos de agua y cerramos la olla. Dejamos cocer unos 20 minutos para que se ponga todo tierno.
Yo ahora lo que hago es dejar enfriar la olla, abrir y repartir. Aparto en una olla más pequeña lo que vamos a comer en el día y aparto un par de tapers más repartiendo el tocino, la carne y la zanahoria en distintos recipientes. Suelo apartar también un tarro con caldo y un poco de carne para hacer croquetas de puchero (podéis ver la receta pinchando en el enlace).


A la hora de repartir el caldo entre los distintos recipientes (ollas y tapers) utilizo un colador para limpiar el caldo de excesos de grasas y restos de hueso de pollo.

Mi madre, por ejemplo, tiene otra forma de hacerlo.
Ella no cierra la olla conforme pone los ingredientes en la olla y lo cubre de agua, sino que espera paciente a que empiece a hervir y con una espumadera va espumando el puchero y retirando esa grasa. Ya cuando casi no sale nada es cuando la cierra y pone a hervir.
¡Los dos igual de buenos!

Tengo que decir que tal vez mi hijo lleve razón, en casa casi todas las semanas cae un pucherito, nada mejor para calentarnos en las noches de invierno, y si, lo sigo haciendo en julio y agosto haga el calor que haga... ¿Puchero adicta? ¡Tal vez!

¡Ah! Y para servir, un toque de hierbabuena le va genial...

¡Saludos blogueros!


ESTOFADO DE PAPAS CON COSTILLAS


Las costillas me parecen de lo más jugosas, fritas, al horno o en un buen estofado, es una carne que me encanta.


Éste lo he hecho al horno en la olla cocotte - qué pesada soy con esta olla, ¿verdad? Pero es que de lo bueno siempre hay que hablar. La mía no es la cocotte de 300 ó 400 euros que se vende en El Corte Inglés, hay otras más sencillitas como esta "cocotte saveur"; ahí lo dejo por si la queréis mirar, yo es uno de los regalos que más agradezco; un gustazo en la cocina, vamos.

Ingredientes:
1 tomate, 1 pimiento, 1 cebolla, 2 ó 3 dientes de ajo, clavo, laurel, pimienta negra molida, 1/2 kg de costillas troceadas, 5 ó 6 patatas grandes, 1 zanahoria cortada en rodajas, sal, comino, colorante alimenticio o pimentón dulce, aceite y 1 chorreón de vinagre.

Batimos en crudo el tomate, el pimiento, la cebolla y los ajos.
En una olla con un chorreón de aceite mareamos las patatas chascadas con  la carne, la zanahoria cortada en rodajas,  y lo que se ha batido. Añadimos sal, pimienta, dos hojitas de laurel, comino, clavo y mareamos bien hasta que la carne tome color. 
Echamos un buen chorreón de vinagre y cubrimos con agua.
Lo podéis hacer en la olla express, o en una olla normal a fuego medio.
Cuando esté todo tierno añadir el colorante alimenticio o pimentón dulce y dar unos minutos más a la coción.

¡Riquísimo! Aunque en mi casa es que gusta todo, jajajajaj

¡Saludos blogueros!