domingo, 5 de julio de 2015

HAMBURGUESA DUKAN: EXQUISITA PERO CIERTA

El otro día me di cuenta de que no cabía en mí, aunque esta vez no era de gozo, como tengo por sana costumbre, sino de kilos. Dado que no tengo báscula en casa y necesitaba confirmar si eso era así o si me lo parecía a mí, tuve que correr toda expectante a la farmacia de la esquina. Ganas de correr, lo sé, porque también podría haberme fijado en que toda mi ropa me estaba pequeña, pero se ve que pasé por alto ese detalle. Seis kilos de más, seis, fue el veredicto de la báscula. Os juro que esos kilos no son míos; he debido cogerlos al pasar por algún sitio. Tres los cogí hace un tiempo ya, aunque no sé cómo; al pasar el cruce de "Cambio de Metabolismo" debió ser. Y eso que estaba señalizado como cruce peligroso, pero debí despistarme. Sobre los otros tres, estoy casi segura de cómo ha sido la cosa, pero no lo voy a contar aquí por si me buscara algunas cosquillas con alguna declaración jurada reciente. Cosas mías. 




Resumiendo, que salgo de la farmacia con la enojosa información de que soy costalera de seis kilos que míos no son. No saben los pobres dónde se han metido...
Os confieso que yo de dietas no sé mucho porque siempre he sido delgada, pero no es la primera vez en los últimos años que, al pasar por algún sitio, se me adhieren algunos kilos foráneos en la zona abdominal para más señas. Las mujeres delgadas con kilos ajenos ahí, precisamente ahí, parecemos barrilitos y lo que es peor, inofensivas, cuando en verdad lo somos tanto como un incendio incontrolado. En fin, que para esos kilos de más (entre tres y seis) me va muy bien una "Dukan My Way" que me he inventado yo solita y que me dispongo a compartir aquí mismito porque en la vida tenemos que ayudarnos, camaradas.

Diccionario DUKAN MY WAY y otras instrucciones:

Fase de ataque: comer sólo proteínas. Sin fanatismos. Dos o tres días máximos.
Segunda fase: comer sólo proteínas y verduras. Sin fanatismos. Entre una y tres semanas, hasta que hayamos dado esquinazo a esos tres o seis kilitos que nuestros no eran.
Resto de la vida: comer de todo y preparado como más nos guste, pero el pan, la pasta, el arroz, las legumbres, las salsas, los fritos y tal, con mucha, mucha moderación. Sin fanatismos. Ojo, el resto de la vida.
Plus: todas las semanas, el resto de la vida también, hacer un día la fase de ataque: sólo proteínas. Es buena idea tomar por costumbre los jueves ya que es más fácil caer en tentaciones los findes. Esto sí habría que tomarlo por religión: con fanatismo.
Recuperar los kilos ajenos perdidos: si el resto de la vida y el plus se hacen bien, no se recuperan. Si se hace mal, habrá que volver a la casilla de salida, a la fase de ataque.
Preparación de los alimentos en las dos primeras fases: exclusivamente a la plancha, crudos o hervidos. Para que tengan algo de sabor se puede tirar de todas las hierbas y especias que se quiera. La mostaza de calidad también es un comodín importante, así como las salsas de yogur hechas por vosotros mismos, la salsa de soja, el wasabi, el vinagre y todo lo que se os ocurra para ganar sabor.
Sin fanatismos: sigo endulzando el café o el té con azúcar de verdad. Si me apetece una cerveza o un vino, sin problema. Aceite de oliva el justito, pero no tan justo como dice el señor Dukan. La comida no se tira, si vuestra hija no se va a comer algo que le habéis preparado con cariño, no sé vosotros, pero yo me lo como, aunque se llame tortilla de patatas. No pongo límites al número de yogures o huevos (duros o en tortilla) que tomo al día, prefiero eso a matar a alguien. La carne de cerdo también la incluyo en la fase de ataque. El jamón de pata negra no, pero por razones económicas, si vuestro bolsillo lo consiente, adelante (y felicidades).
Culpa: la culpa engorda. Si un día nos salimos del guión previsto, no pasa nada.
Además: no olvidar beber mucha agua. Es importante, no recuerdo por qué.
Por proteínas se entiende: lácteos bajos en grasas. Huevos, mogollón de huevos, de todas las maneras menos fritos. Carne de pollo, pavo, ternera e incluso cerdo. Pescados y mariscos. Lo del marisco me hace mucha gracia, claro, puedes comer todo el que quieras si te apellidas Forbes.
Cantidades: sin moderación. Pero da igual, sencillamente no os apetecerá. A menos que te apellides Forbes, que si engordas es porque eres tonto o no te gusta el marisco.
A favor: para perder pocos kilos (entre tres y seis), funciona y durará entre una y tres semanas. Más tiempo no me parece saludable ni para el cuerpo ni para el espíritu.
Inconvenientes: estriñe mucho (conviene añadir salvado de avena al yogur y aún así...). Es pesada y aburrida. Te pone de un notable mal humor y no le hace ningún bien al aliento. Todas las noches te duermes pensando en un buen arroz caldoso, un guiso de papas, pan blanco o croquetas. Si por la mañana te cruzas por la calle con alguien que se va comiendo un papelón de churros más tranquilo que una foto, te conviertes en una delincuente (al menos de pensamiento).
Que quede claro: estriñe muchísimo. Si tenéis otro método para perder entre tres y seis kilos, dejad de leer.
Insisto: esta no es la Dukan, es mi Dukan y no la estoy recomendando, la estoy compartiendo porque a mi me funciona y porque a día de hoy no me dan igual los kilos okupas de más, si a vosotros no os molestan, tenéis mis aplausos. Yo soy más territorial.
Ventaja adicional: al cabo de unos días estimula muchísimo la imaginación para comer rico comiendo una birria y siempre de la misma manera. Sirva de ejemplo esta maravillosa HAMBURGUESA DUKAN. La foto no vale nada, está buenísima de verdad.

Hamburguesa de pollo de un puesto de confianza de vuestro mercado habitual o pedís que os piquen la carne y la hacéis vosotros mismos.
Mostaza antigua.
Queso cheddar.
Orégano.
Un pelín de aceite de oliva.

Untamos una sartén con un poquito de aceite y nos hacemos nuestra hamburguesa a la plancha. Cuando le quedan un par de minutitos de nada para estar lista, bajamos el fuego al máximo, untamos la superficie que queda hacia arriba con mostaza y le ponemos una loncha de queso por encima que se derretirá enseguida al calor. Espolvoreamos orégano sobre el queso y servimos cuando se haya fundido. Exitazo.

Conclusiones cuantitativas: empecé esta pesadilla, digo este empeño, hace dos semanas. Salvo los dos primeros días, he sido poco o nada fanática. Tres kilos y cien gramos se han marchado ya. Me quedan dos kilos y novecientos gramos que despistar. Si dios quiere lo celebraré con un guisote. Pronto.

P.S.: No tengo ni idea si el cheddar es un queso bajo en grasas, me temo que no, pero me remito a dos puntos claves:
1. Sin fanatismos.
2. La comida no se tira. Yo tenía cheddar en la nevera que se iba a echar a perder. ¡Vamos hombre!

No sé cómo me aguantáis. Mil gracias.