viernes, 28 de agosto de 2015

TORTILLA ENVUELTA




  Pasando unos días en San Fernando, donde vive Mercedes, nos juntamos un día con cuatro críos en casa en edad de crecer y mucha hambre. Mi hermana me esperaba con una receta que había publicado su peluquero en facebook y nos pareció que para aquella noche con niños había que probarla.

Tortilla envuelta en bacon:
Necesitamos: 4 patatas grandes, 5 ó 6 huevos, aceite, sal y 2 paquetes de bacon (unos 300 gr en lonchas finas si lo pides en carnicería), y opcionalmente para la tortilla, cebolla y pimiento verde , que en este caso no usamos porque no les gusta a los niños, qué le vamos a hacer...

Empezamos por envolver un molde rectangular para horno (en este caso de silicona) primero con papel de hornear y después con tiras de bacon, colocando las tiras hacia fuera por ambos laterales del molde de manera que después podamos cerrar el envoltorio.

Las patatas las hemos cocido (en agua con sal) en lugar de freírlas por aquello de que el aporte de grasa ya lo compensaba, con creces, el bacon.
Al mezclar con el huevo batido, trituramos con un tenedor las patatas para hacer una mezcla más homogénea. Añade las patatas necesarias para conseguir una mezcla más espesa de modo que al hornear no se salga el huevo del envoltorio de bacon; nosotras la dejamos un poco más líquida de lo que pretendíamos (como se ve en la foto de arriba).


Verter la mezcla para la tortilla en el molde.



Cerramos el envoltorio.

Y horneamos 35 ó 40 minutos a 220º en el horno precalentado.


Sacamos del horno y esperamos 10 minutos antes de desmoldar.



El pastel de tortilla no duró en la bandeja ni dos minutos, fue lonchear, servir y desaparecer. A los mayores, y hasta a los que estamos continuamente a dieta, también nos habría gustado repetir...

Sin duda esta semana habrá que hacer otro. Para los que tenemos niños, un acierto. Y Mercedes, a buscar más recetas, que cuando quieras volvemos a cocinar juntas.

Un saludo a todos, que ya estamos de vuelta del verano...

martes, 25 de agosto de 2015

CALAMARES EN SU NEGRA TINTA

No bebáis de las aguas del Leteo, que os provocarán un olvido absoluto; sumergíos en el mes de agosto, que viene a ser lo mismo y pasa antes. Agosto es el mes de no pensar, de no hacer, de no sentir, como septiembre es el mes de las más espiritosas resoluciones y buenos propósitos. Tenemos las Marx el blog muerto de pena, mira tú por dónde. Pero no os preocupéis, que con este fresquito tan bueno que ha llegado, al menos a mi barrio, yo ya me creo en septiembre y en consonancia actúo.


Hoy quiero compartir esta receta que solita me he inventado después de muchos mira aquí, mira allá, coge de aquí, deja de allá, por muchos blogs de cocina. Ya la he preparado varias veces y aún no me puedo creer lo perfecta de sabor y sencilla de elaborar que me ha quedado. Además, la hago en la olla rápida, lo que, al precio que va la luz, se agradece. Podréis ver que no exagero nada, cosa rara en mi, si os animáis a hacerla.

Vamos a necesitar:

Un kilo de calamares frescos (serán tres o cuatro) de la mejor calidad que se pueda. 
Una cebolla.
Una rebanada de pan duro.
Un vaso de vino blanco. Yo utilizo Montilla-Moriles.
Un buen manojo de perejil lavado y escurrido sin los tallos.
Aceite.
Sal.
Una bolsita de tinta de calamar de las de mentira. 

Y empezamos:

A vuestro pescadero de más confianza, nada de hipermercados, el día que tenga buenos calamares, le pedís un kilito con el añadido de que os los limpie requetebién, los corte en rodajas y os reserve, sin que se rompan, las bolsitas de tinta auténticas y verdaderas. Este es el secreto de esta receta: el sabor de la tinta. Luego pondremos una bolsita también de las falsas porque da un negro más intenso, tóxicas no son y porque también se come con los ojos, ¿no?
Bueno, pues ya estamos en casa y repasamos bajo el grifo todo el trabajo de limpieza que con nuestros calamares ha hecho el pescadero. Los dejamos como si quisiéramos impresionar a la Reina Letizia o a nuestra propia familia, tanto da, y los pasamos a un escurridor.
Ahora troceamos la cebolla y la ponemos a pochar con un poco de aceite en una sartén. Cuando esté lista la mandamos a la batidora (la mía es de vaso, pero daría igual). En la misma sartén, ponemos un poco más de aceite para freír la rebanada de pan y le damos el mismo destino: el vaso de la batidora. 
Ya podemos coger la olla rápida, donde pondremos a calentar un fondo de aceite. Cuando este caliente pasamos los calamares, que habrán escurrido, los salamos y los mareamos a fuego entre medio y bajo. Irán tomando color y soltando agua. Mientras, añadimos un vaso grande de agua en la batidora, añadimos sal, y batimos muy bien la cebolla y el pan. Cuando esté bien batido lo pasamos a la olla junto con los calamares y dejamos que sigan haciendo chup-chup. 
Sin enjuagar la batidora, ponemos en ella los saquitos de tinta verdadera (tres o cuatro, uno por calamar) que con mucho cuidado nos retiró nuestro pescadero, le sumamos el de la tinta más falsa que la falsa monea, el perejil y el vaso de vino. Batimos y a la olla. La batidora quedará bastante negra en sus paredes, pero no pasa nada. Necesitamos más líquido, de modo que volvemos a poner otro vaso de agua y batimos para arrastrar todo lo que ha quedado. A la olla. Los calamares deben quedar casi cubiertos de agua. Un casi muy alto pero que no buceen. Ahora la batidora estará casi limpia, se fregará sin que nos manche las uñas ni nada de nada y ya podemos cerrar la olla y esperar, mientras recogemos los trastos y nos regalamos una birra, media horita desde que sube la válvula. Si cuando abrimos vemos que el líquido es mucho, dejamos reducir con la olla abierta cinco o diez minutos más.

De un día para otro es un pecado. Por mucha cantidad que hagáis pensando en guardar (se puede congelar) es inútil, se come sin sentir.

En vez de agua, he utilizado caldo de marisco cuando he tenido, pero no os preocupéis mucho porque no se nota. Así, tal y como os la he contado, es espectacular.

En vez de maridar esta exquisitez con ningún libro, lo que voy a hacer es dedicársela a mi hermanita Mercedes Marx, que está estrenando unos brackers estupendos. Daría la mitad de lo que tengo por verla sonreírme después de un bocado. La mitad ya está bien, mía; la otra mitad si me dejas hacerte una foto.